La política actual padece una enfermedad que ninguna encuesta logra ocultar: la crisis de credibilidad. Para el ciudadano y ciudadana, el político promedio se ha convertido en una figura de cartón, un holograma que habita en oficinas refrigeradas y estrados lejanos, totalmente desconectado de la realidad que late en las calles, en los mercados, en el transporte público, en hospitales, en el bolsillo de la ciudadanía. La brecha no es solo ideológica, es una fractura emocional.
Hoy, la sociedad ya no se deslumbra con tecnicismos ni con promesas de campaña diseñadas en laboratorios de marketing. Lo que la gente exige, con urgencia y algo de desesperación, son perfiles humanos. Líderes que no tengan miedo a la cercanía, que sepan mirar a los ojos y que, por encima de todo, tengan la capacidad de escuchar antes de dictar.
En este escenario de desencanto, la gestión del diputado Jesús Sesma como presidente del Congreso de la Ciudad de México marca un contraste necesario.
El diputado Sesma ha entendido que la política no se hace desde el pedestal, sino desde la empatía. Su estilo se ha caracterizado por romper esa barrera invisible entre el legislador y ciudadanía, demostrando que la investidura no tiene por qué ser sinónimo de arrogancia.
Lo que destaca en el perfil del diputado Jesús Sesma es esa combinación de sensibilidad y eficacia. No se trata solo de “caer bien” o de ser una figura que aparente, se trata de que haya una cercanía se traduzca en soluciones. La gente valora al político que sale del Congreso a hacer suyas diversas causas, que escucha la queja vecinal y que, en lugar de dar una excusa burocrática, busca el “cómo sí” resolver el problema, de ahí nace Guardianes Verdes.
La crisis de confianza solo se superará cuando recuperemos la política de a pie. Perfiles como el del diputado Jesús Sesma nos recuerdan que la empatía es el puente más corto hacia la legitimidad. Necesitamos más líderes que entiendan que el poder es una herramienta de servicio y que la verdadera grandeza de un político no reside en su cargo, sino en su capacidad de seguir siendo, ante todo, un ser humano sensible ante las causas de los demás, ante la diversidad.
Es momento de dejar atrás la política de oficina para dar paso a la política del corazón y la solución. Juntas y juntos impulsemos el recuperar lo esencial para reconstruir la confianza en la política que tanto se necesita.
Jennifer Islas. Política y conferencista.