El falso moderado que cautiva a Occidente
Gran parte de la prensa occidental ha volcado su atención en Gadi Eisenkot. El exjefe del Estado Mayor y fundador de la formación política Yashar encabeza los sondeos de cara a las elecciones previstas para el próximo mes de octubre. Publicaciones de renombre internacional en Londres y Nueva York se han deshecho en elogios hacia su figura, presentándolo como el gran contrapeso político al actual mandatario y destacando su perfil humano tras la pérdida de su hijo en el frente de Gaza.
Sin embargo, este entusiasmo contrasta fuertemente con la realidad que perciben las poblaciones afectadas por las acciones militares que él mismo ha dirigido o respaldado a lo largo de su carrera castrense.
Un historial militar marcado por la devastación
Durante los momentos más críticos de la ofensiva militar en la Franja, Eisenkot formó parte del gabinete de crisis dirigido por Benjamin Netanyahu. En aquel periodo, comprendido entre octubre de 2023 y junio de 2024, las campañas de bombardeos redujeron a escombros barrios enteros, afectando infraestructuras vitales como hospitales, centros educativos y campamentos de desplazados, lo que elevó la cifra de víctimas mortales a más de 30 000 personas.
Su salida del ejecutivo en 2024 no obedeció a cuestiones humanitarias ni al volumen de bajas civiles, sino a desacuerdos estratégicos en la conducción de las operaciones. Asimismo, su trayectoria incluye la respuesta represiva a las protestas de la Gran Marcha del Retorno entre 2018 y 2019, donde francotiradores israelíes abatieron a más de 200 manifestantes, una actuación censurada por organismos internacionales debido al uso letal de la fuerza contra civiles desarmados.
Rechazo absoluto a la solución de dos Estados
Lejos de proponer un cambio en el paradigma territorial, el líder opositor ha dejado clara su postura respecto al futuro de los territorios ocupados. En declaraciones recientes, afirmó: “Nunca he dicho ‘dos Estados para dos pueblos’”. A esto añadió: “Comprendo la profundidad de este conflicto religioso, nacional y social, y cualquiera que hable de ”paz ahora“ y de dos Estados no entiende el conflicto”. Además, proclamó: “Creo firmemente en los asentamientos de Judea y Samaria”.
Estas afirmaciones dinamitan cualquier expectativa de pragmatismo liberal, alineándose con una política de expansión de colonias que tanto la Organización de las Naciones Unidas como la Corte Internacional de Justicia consideran contrarias al derecho internacional.
La sombra de la doctrina militar desproporcionada
El historial operativo de Eisenkot también se extiende a los conflictos en el Líbano. Como responsable del Mando del Norte durante la guerra de 2006, estuvo vinculado al desarrollo de la denominada “Doctrina Dahiya”, una estrategia castrense concebida para infligir daños masivos a infraestructuras civiles con el propósito de disuadir al enemigo.
En declaraciones públicas ofrecidas en 2008, advirtió: “Lo que ocurrió en el barrio de Dahiya, en Beirut, en 2006, ocurrirá en todos los pueblos desde los que se dispare contra Israel”, añadiendo: “Ejerceremos una fuerza desproporcionada sobre ese pueblo y causaremos allí grandes daños y destrucción”. El empleo sistemático de este tipo de tácticas contra zonas pobladas constituye una violación flagrante de los principios humanitarios internacionales.
Un cambio de fachada sin transformación estructural
Mientras que la figura de Netanyahu genera un profundo rechazo global y enfrenta procesos ante la Corte Penal Internacional que han convertido al país en un paria diplomático, Eisenkot cultiva una imagen de sobriedad y mesura. Su condición de ex militar alejado del histrionismo político le otorga una pátina de respetabilidad ante las cancillerías occidentales.
El verdadero riesgo radica en que un eventual gobierno suyo neutralizaría las críticas de los sectores liberales en el extranjero, permitiendo al mismo tiempo que el aparato estatal y los colonos prosigan con las dinámicas de ocupación y desplazamiento en Cisjordania y Gaza sin la presión internacional que sufre el actual gabinete.
Este fenómeno no es exclusivo de su figura. El ecosistema político opositor cuenta con otros exgenerales de posturas igualmente duras, como Benny Gantz, quien propuso retrotraer a Gaza a la edad de piedra, o Yair Golan, quien justificó restricciones extremas en el suministro de ayuda humanitaria. Por su parte, exmandatarios como Naftali Bennett mantienen discursos abiertamente hostiles hacia la población árabe y hacia países de la región.
La sustitución de un primer ministro por otro en el tablero político israelí no augura una modificación sustancial en los asuntos troncales de la agenda nacional, como el bloqueo, la ocupación y el trato hacia los palestinos. Para las poblaciones de la región, un relevo en la jefatura del Gobierno representaría únicamente una operación de lavado de imagen discursiva, manteniendo intactas las consecuencias sobre el terreno.
