Brillante victoria de Isaac Torito del Toro en la vuelta de una semana disputada en los Alpes, previa al Tour de Francia, que antes se llamaba Critérium du Dauphiné y que desde este año lleva el nombre de Tour Auvergne-Rhône-Alpes.
No deja de ser triste que esa carrera haya cambiado de denominación. En 1947 nació por iniciativa de un periódico cuyo antecedente estuvo ligado a la resistencia francesa contra el nazismo: Le Dauphiné Libéré. Aunque menos grave, es algo parecido al despropósito de pretender que el Estadio Azteca sea llamado por la gente Estadio Banorte.
Las comparaciones son odiosas. Pues sí, de eso se trata: de ser odioso frente a la fanatizada afición futbolera.
Más allá de tener ganas de molestar, vale la pena comparar lo que el Tri hará en la Copa del Mundo de la FIFA —ganará dos o tres partidos y nada más: no estará entre las selecciones protagonistas— con la gran victoria del Torito este domingo.
El triunfo de Isaac del Toro en una de las pruebas previas al Tour de Francia no es solo un acontecimiento deportivo; es una bofetada a la mercadotecnia mediática que tanto daño le hace al futbol.
¿Diferencias entre la hazaña alpina de Del Toro y la realidad de la Selección Mexicana? Abismales.
1. Torito, entre los mejores; Selección, mediocridad inflada
El ciclismo por etapas es uno de los deportes más agónicos, brutales y competitivos que existen. Ganar una vuelta de una semana en los Alpes implica derrotar en la alta montaña a muchos de los mejores ciclistas del pelotón internacional.
Del Toro no compite contra rivales mediocres. La Selección, digamos las cosas como son, suele imponerse a escuadras de segundo nivel, como ocurrió en la inauguración del Mundial contra Sudáfrica.
Isaac compite y triunfa en la máxima categoría del ciclismo. Estar entre los mejores a los 22 años de edad es una proeza que merece aplausos.
El contraste con la Selección es penoso. Mientras Del Toro corona los Alpes con la bandera mexicana en el pecho y va por más en el Tour de Francia, la Selección de futbol, lo sabemos, no llegará muy lejos en la competencia de la FIFA.
El futbol mexicano vive atrapado en una burbuja de comercialización mediática que vende falsas expectativas a una sociedad ansiosa de triunfos.
Isaac del Toro es un atleta extraordinario; los futbolistas de la Selección son productos de una industria sobrevalorada que está lejos de la excelencia deportiva.
2. El valor del reconocimiento y la felicitación de Sheinbaum
¿Qué tanto peso tiene el reconocimiento presidencial? Mucho. Tradicionalmente, porque es el pasatiempo favorito de las mayorías, quienes han gobernado México han utilizado el futbol como herramienta de validación popular.
Claudia Sheinbaum, hay que decirlo, destacó en la inauguración del Mundial porque, a diferencia de otros presidentes, vio el partido de México contra Sudáfrica con la gente del pueblo y no con las élites. Rompió un molde al no asistir al Estadio Azteca, donde la gente solo quería disfrutar el futbol y no presenciar ceremonias políticas.
El reportaje de The Guardian, firmado por Rachel Nolan, confirma que Sheinbaum ocupa un sitio relevante entre los dirigentes más influyentes de nuestra época. Su prestigio le permite medirse de tú a tú con los líderes de las grandes potencias.
Sheinbaum y el Torito destacan en ámbitos donde muy pocos mexicanos han logrado abrirse paso. ¿Más casos así? Los cineastas Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón; quizá también la actriz Salma Hayek y la ambientalista Cristina Mittermeier, admirable defensora de las ballenas del Golfo de California. Dejo fuera al Canelo Álvarez porque el boxeo es más mafia que deporte; sí, como la FIFA, aunque sin la influencia extraordinaria de la organización futbolera con sede en Zúrich.
Las felicitaciones deportivas de una jefa de Estado con ese nivel de reconocimiento no deberían quedarse en el conformismo del futbol excesivamente comercializado. Me atrevo a decir, sin ánimo de pretender imponerle nada a la presidenta Sheinbaum, que le corresponde reconocer con especial énfasis al deportista mexicano más destacado de la actualidad.
Felicitar con enjundia al Torito Del Toro es premiar la excelencia real, la disciplina del durísimo entrenamiento en las montañas y el orgullo de la mexicanidad; es ir mucho más allá de la complacencia con el siempre mediocre desempeño de la Selección.
3. La lección de los Alpes: “saber seguir siendo sencilla”
The Guardian, al analizar a Sheinbaum, destaca que sabe tomar decisiones, soportar presiones y mantener la sencillez. Esa descripción encaja perfectamente con la mística del ciclismo por etapas.
En la bicicleta no hay lujos, no hay estadios con palcos confortables ni contratos multimillonarios con marcas comerciales que oculten las carencias deportivas. Hay miles de kilómetros de esfuerzo, particularmente en una vuelta de tres semanas, en la que se ascienden numerosos puertos de montaña con pendientes que con frecuencia superan el 12 % en los Alpes y los Pirineos, con tramos todavía más exigentes.
El ciclismo es el deporte del sufrimiento puro y de la resistencia ejemplar ante la presión. Alguna vez, en México, se le consideró el deporte del pueblo.
El Torito ganó con la bandera de México en el pecho porque encarna esa mentalidad que el reportaje atribuye a la presidenta: trabajar en silencio, resistir la presión del ascenso en la montaña y entregar resultados contundentes en la cima.
Isaac del Toro acaba de demostrar que en México hay atletas que sí saben ganar cuando compiten contra los mejores, lejos de las canchas infladas por la televisión comercial que tanto abarata el espíritu del deporte.
Posdata: Sería un gran homenaje un video de minuto y medio proyectado en la mañanera; video del momento en que Del Toro dejaba muy atrás a sus rivales. La mayoría de la gente no conoce lo que es el ciclismo de ruta.