Qué ha pasado en Mali: los ataques de Al Qaeda y un grupo secesionista sacuden a la junta militar

La caída de posiciones clave, la muerte del ministro de Defensa y una coordinación insurgente sin precedentes dibujan un escenario de inestabilidad en el país africano
El ministro de Defensa de Mali muere en un ataque contra su residencia en plena ofensiva de Al Qaeda y un grupo secesionista
La ofensiva lanzada este pasado fin de semana en Mali por una coalición inédita de rebeldes tuaregs y grupos yihadistas ha sacudido los cimientos del régimen militar que gobierna en el país desde 2021. La caída de posiciones clave, la muerte del ministro de Defensa, Sadio Camara, y la evidente coordinación insurgente sin precedentes dibuja un escenario de inestabilidad en un país azotado por la violencia.
¿Qué ha pasado en Mali?
En la madrugada del sábado 25 de abril, Mali fue escenario de una ofensiva coordinada a escala nacional. El Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (también conocido como JNIM), afiliado a Al Qaeda, y el Frente de Liberación del Azawad (FLA), un movimiento secesionista del norte del país africano, lanzaron ataques simultáneos contra múltiples objetivos.
Las acciones de ambos grupos se extendieron desde el norte hasta el sur del país, pasando por Kidal, Gao, Mopti, Sévaré y Kati —esta última a apenas 15 kilómetros de la capital del país, Bamako— y afectando a infraestructuras estratégicas como bases militares y aeropuertos. El ataque sobre el aeropuerto de la capital provocó su cierre temporal, mientras que, en Kati, sede del Ministerio de Defensa, se registraron combates intensos.
Según varios analistas, el carácter simultáneo y planificado de la ofensiva convierte al ataque en el más grave desde la rebelión tuareg de 2012. En este caso, los insurgentes han combinado tácticas convencionales e irregulares, desde armas ligeras y artillería hasta coches bomba y drones, en una operación que ha puesto a prueba la capacidad de respuesta del Ejército maliense y de sus aliados rusos, según analiza el Soufan Center.
¿Por qué es tan importante la caída de Kidal, en el norte?
Kidal no solo es una ciudad al norte de un país africano como Mali, sino también un símbolo histórico de la disputa entre el Estado maliense y los movimientos tuaregs que reclaman la independencia del Azawad. Fue un bastión rebelde durante más de una década hasta que, en noviembre de 2023, el Ejército de Mali, con apoyo de mercenarios rusos, logró recuperarla.
En su momento, dicha victoria fue presentada por la junta militar como un punto de inflexión en la “reconquista” del territorio. Sin embargo, la ofensiva del sábado ha revertido ese símbolo en cuestión de horas y, según imágenes difundidas en redes sociales pendientes de verificación, el FLA asegura haber tomado el control total de la ciudad.
Las primeras informaciones apuntaban a una resistencia limitada por parte de fuerzas malienses y de la milicia rusa Africa Corps, atrincheradas en la antigua base de la misión de la ONU en el norte de Mali, la MINUSMA. Tras combates y negociaciones, los efectivos rusos acabaron retirándose escoltados por los propios rebeldes.
¿Quiénes están detrás de los ataques y por qué sorprende su alianza?
La ofensiva ha sido reivindicada por dos actores, el JNIM y el FLA, con distintas trayectorias, pero con arraigos históricos entrelazados. El primero es la principal filial de Al Qaeda en el Sahel, mientras que el segundo agrupa a facciones tuaregs y árabes que reclaman la independencia del Azawad.
Aunque ya habían coincidido en terreno, especialmente en 2012, la cooperación pública y ordenada entre ambos supone un salto cualitativo en el devenir de la guerra al norte del país. En sus comunicados, tanto el JNIM como el FLA reconocen la participación conjunta en los ataques y se muestran abiertos a coordinar estrategias para que fomenten “una transformación real que sirvan a los intereses de la religión, el país y su gente”.
Esta alianza tiene implicaciones destacables. Por un lado, refuerza la capacidad operativa de ambos actores, combinando conocimiento del terreno, redes locales y experiencia insurgente y, por otro lado, complica la lectura internacional del conflicto. Un movimiento secesionista con apoyos externos, cuyos vínculos con Ucrania se han señalado en reiteradas ocasiones, se asocia con una organización terrorista.
¿Qué significa la muerte del ministro de Defensa?
El ataque alcanzó también el corazón del poder. Sadio Camara, ministro de Defensa y figura clave de la junta militar, murió en un atentado con coche bomba contra su residencia en Kati, a las afueras de Bamako. Según varias fuentes, el ataque, atribuido al JNIM, fue perpetrado por un suicida que empotró el vehículo cargado de explosivos contra el complejo, provocando una explosión.

Sadio Camara, a la derecha, junto al ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, durante una visita a Bamako.
Sadio Camara no era un simple ministro o actor secundario; por el contrario, era considerado el arquitecto de la estrategia militar del régimen. Camara había consolidado su influencia dentro del aparato de seguridad y promovido el giro geopolítico hacia Rusia tras la ruptura con Francia. Bajo su liderazgo se impulsó la salida de la operación Barkhane y la entrada de mercenarios del Grupo Wagner, posteriormente sustituidos por los Africa Corps.
Además, Camara lideraba la reciente operación ‘Dougoukoloko’ o ‘Reconquista del territorio’, destinada a reforzar el control estatal en zonas clave como Kidal o Tombuctú. Su muerte abre incógnitas sobre el transcurso de dicha estrategia y debilita la cohesión interna de la junta, donde mantenía un equilibrio complejo con el presidente de Mali, Assimi Goïta.
¿Qué papel desempeñan Rusia y la comunidad internacional?
Tras años de presencia militar francesa sin resultados concluyentes en materia de antiterrorismo, la junta maliense optó por estrechar lazos y fomentar sinergias de cooperación militar con Moscú, con los mercenarios rusos como protagonistas.
Sin embargo, su desempeño ha sido cuestionado. La incapacidad para proteger a figuras como Camara y la retirada de Kidal suponen un revés para Moscú. Todo ello sumado a las acusaciones de violaciones de derechos humanos que han recaído reiteradamente sobre las fuerzas rusas y a la ausencia de mejoras sustanciales de seguridad.
La región del Sahel, y concretamente el Sahel Central (Mali, Burkina Faso y Níger), se ha consolidado en los últimos años como el principal foco del terrorismo yihadista mundial, con la presencia no solo del JNIM, sino también de filiales del Estado Islámico activas en el resto de los países de la región africana.
¿Está realmente en peligro la junta militar?
La ofensiva ha abierto un escenario de incertidumbre y debate. Algunos analistas consideran que la coordinación y alcance de los ataques podría poner en riesgo la supervivencia de la junta, mientras que otros aseguran que el objetivo de los insurgentes no es necesariamente tomar el poder, sino forzar una negociación o debilitar al Estado.
Por ahora, el Gobierno insiste en que la situación está “bajo control”, ha impuesto toques de queda y llama a la calma. Aun así, lo que sí parece claro es que Mali entra en una nueva fase del conflicto y la historia del terrorismo en el país y la región.