Qué implicaciones tiene y a quién favorece un alto el fuego sin negociaciones a la vista en la guerra de Irán

La ampliación del alto el fuego por parte de EEUU, junto al bloqueo naval, se considera en los debates iraníes como un escenario desfavorable, ya que revierte su estrategia de ejercer presión mediante el desgaste, pero Washington también sale perjudicado del nuevo impasse creado por Donald Trump
Trump anuncia que amplía el alto el fuego a petición de Pakistán y “hasta que Irán presente una propuesta unificada”
Trump dijo que no quería extender el alto el fuego, pero lo extendió. Sin embargo, Irán mantiene que no enviará a sus negociadores a Pakistán mientras dure el bloqueo estadounidense sobre los puertos iraníes, creando una situación de alto el fuego indefinido sin negociaciones a la vista.
“La prórroga del alto el fuego por un período indefinido —mientras se mantiene el bloqueo naval contra Irán— se considera en general, en los debates iraníes, un escenario muy desfavorable”, señala el experto en Irán Hamidreza Azizi. “Algunos comentaristas llegan incluso a describirlo como el peor de los escenarios posibles, ya que, en la práctica, revierte la estrategia anterior de Irán de ejercer presión mediante el desgaste y la vuelve a dirigir contra el propio Irán. En esta situación, Irán se encuentra en un estado de incertidumbre —ni guerra ni paz— que los dirigentes iraníes han tratado explícitamente de evitar desde el inicio del conflicto, prefiriendo en su lugar una conclusión decisiva”, añade el analista.
Uno de los elementos fundamentales en el impasse actual es el bloqueo naval estadounidense, que Donald Trump ha decidido mantener pese a la prórroga del alto el fuego. “No está claro si Trump levantará el bloqueo para facilitar las negociaciones. Si lo hace, ello reforzará la idea de que Irán cree haber ganado influencia desde el inicio de la guerra, especialmente gracias a su capacidad para perturbar el tráfico en el estrecho de Ormuz. Teherán ya ha utilizado esa palanca para influir en el alto el fuego en Líbano y ahora la está empleando para presionar a favor del fin del bloqueo”, señala a elDiario.es Sina Toossi, investigador sobre Irán del think tank Center for International Policy.
No está claro si Trump levantará el bloqueo para facilitar las negociaciones. Si lo hace, reforzará la idea de que Irán cree haber ganado influencia desde el inicio de la guerra.Teherán ya ha utilizado esa palanca para influir en el alto el fuego en Líbano y ahora la está empleando para presionar a favor del fin del bloqueo
Pocas horas después del inicio del alto el fuego el pasado 8 de abril, Israel lanzó uno de los mayores ataques contra Líbano en toda la guerra, buscando separar el frente libanés de las negociaciones sobre Irán. Teherán consiguió que Líbano fuera incluido, obligando a EEUU a frenar la ofensiva de Israel para mantener vivas las conversaciones de paz entre Washington y Teherán. Solo un día después, el pasado viernes, Irán declaró el estrecho “completamente abierto durante el periodo restante del alto el fuego”. Sin embargo, el presidente estadounidense no levantó su bloqueo a los puertos iraníes, lo cual Irán considera una violación del acuerdo y, por ello, volvió a cerrarlo por completo.
¿División o nuevas dinámicas de poder?
Por su parte, en el discurso estadounidense, Trump justifica el nuevo alto el fuego alegando que el Gobierno de Irán “se encuentra gravemente dividido” y presente la tregua como una oportunidad para que Teherán pueda presentar una propuesta “unificada” de cara a retomar las negociaciones. Aunque el presidente no ha fijado la duración de la extensión del alto el fuego, una fuente de la Casa Blanca ha declarado a Fox News que durará entre tres y cinco días, pero rara vez Washington ha cumplido los plazos anunciados a modo de amenaza.
“Las informaciones contradictorias de los días 20 y 21 de abril sobre la participación de Irán en las negociaciones previstas y la incapacidad de Irán para presentar una propuesta unificada reflejan la lucha de poder que se está librando dentro del régimen entre el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), el general de división Ahmad Vahidi”, señala este miércoles el Institute for the Study of War (ISW) en su análisis diario. El centro de estudios estadounidense considera que Vahidi parece tener ventaja sobre Ghalibaf.
El periódico Wall Street Journal, citando fuentes no especificadas, informó el martes de que los funcionarios iraníes indicaron inicialmente que asistirían a las conversaciones, pero posteriormente, tras la presión de la IRGC, impusieron la condición de que EEUU levantara su bloqueo antes de que comenzaran las negociaciones. “El hecho de que el régimen adoptara entonces esta condición previa como política oficial sugiere que el comandante de mayor rango de la Guardia Revolucionaria, Vahidi, y los actores alineados con él ejercen actualmente una influencia significativa en la toma de decisiones iraní”, señala ISW.
Las informaciones contradictorias de los días 20 y 21 de abril sobre la participación de Irán en las negociaciones previstas y la incapacidad de Irán para presentar una propuesta unificada reflejan la lucha de poder que se está librando dentro del régimen
El pasado viernes, cuando el ministro de Exteriores de Irán anunció la reapertura “completa” de Ormuz, varios medios semioficiales y canales de televisión estatales criticaron la decisión por su lenguaje y el momento escogido. Al día siguiente, las fuerzas armadas de Irán declararon el estrecho cerrado de nuevo. La crítica fue recibida con extrañeza en medios occidentales, apuntalando la teoría de la fractura interna del régimen. Azizi, sin embargo, cuestiona esta idea.
“La sucesión de acontecimientos fue rápidamente interpretada por algunos sectores de la prensa estadounidense como una prueba de la existencia de una brecha entre los dirigentes políticos de Irán y los militares de línea dura vinculados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI)”, escribe Azizi en un análisis en The Time. “El argumento es que quienes están dispuestos a transigir podrían haber perdido el apoyo de las fuerzas que actualmente ostentan el poder real en Irán. Esa interpretación simplifica en exceso una realidad compleja, al dar por sentado erróneamente que existe una distinción entre la toma de decisiones políticas y la militar en la República Islámica”.
“La guerra no ha llevado a Irán a una estructura dual en la que los civiles hablen un idioma y las fuerzas de seguridad, otro. Tras la guerra, el poder en Irán se ha concentrado aún más en un núcleo militar y de seguridad y el margen para la flexibilidad visible se ha reducido”, explica el analista. “La Presidencia, el Ministerio de Asuntos Exteriores y otras instituciones del Estado iraní siguen en activo, pero sus funciones se han redefinido. Ya no actúan como centros independientes de dirección estratégica, sino que se encargan de aplicar decisiones tomadas en otros ámbitos”.

Un hombre ondea banderas iraníes en la plaza de Enghelab de Teherán, el 22 de abril de 2026.
El ascenso de Mohamad Bagher Ghalibaf, antiguo comandante de la Guardia Revolucionaria, presidente del Parlamento iraní y rostro visible de las negociaciones, es parte de este proceso que explica Azizi. “Su importancia radica menos en su cargo parlamentario oficial y más en su conversión en la figura política más visible del núcleo de seguridad que ha surgido en Teherán desde la guerra. Ghalibaf no se distingue del núcleo de seguridad ni lo controla, sino que actúa dentro de una red definida por antecedentes institucionales y experiencia militar común. El resultado no es un panorama fragmentado de centros de poder rivales, sino una estructura relativamente cohesionada en la que las diferencias tienden a girar en torno a la táctica y la presentación, más que a la orientación estratégica”.
Ghalibaf ha señalado este miércoles que “un alto el fuego total solo tiene sentido si no se ve vulnerado por un bloqueo naval y el secuestro de la economía mundial y si se pone fin al belicismo sionista en todos los frentes”, vinculando de nuevo las acciones de Israel a la tregua con EEUU. “La reapertura del estrecho de Ormuz [por parte de Irán] no es posible si se incumple flagrantemente el alto el fuego. No lograron sus objetivos mediante la agresión militar, ni los lograrán mediante la intimidación. La única vía para avanzar es aceptar los derechos de la nación iraní”.
La división más trascendental en el Irán actual no se da entre las instituciones civiles y el Ejército, sino dentro del bando de la línea dura que sustenta el aparato de seguridad del país
“La división más trascendental en el Irán actual no se da entre las instituciones civiles y el Ejército, sino dentro del bando de la línea dura que sustenta el aparato de seguridad del país. Por un lado, se sitúan las élites orientadas a la seguridad, como Ghalibaf, que abordan la guerra desde una perspectiva pragmática. Para ellos, la diplomacia no es una concesión, sino un instrumento que debe utilizarse junto con la presión militar, no en lugar de ella”, dice Azizi. El pasado fin de semana, Ghalibaf dio una entrevista en televisión explicando precisamente este argumento de la diplomacia como una herramienta más de Irán para conseguir sus objetivos, al igual que la presión militar y la económica.
“Por otro lado, existe una corriente más ideológica, claramente asociada a figuras y redes vinculadas al Frente de Estabilidad, de línea ultrarradical, conocido en persa como Jebhe-ye Paydari. Este bando es mucho menos flexible. Se muestra profundamente escéptico ante las negociaciones y más inclinado a interpretar cualquier ajuste visible, especialmente si se produce bajo presión, como una capitulación”, explica. “Esa distinción ayuda a explicar la reacción negativa a la declaración de Araghchi [ministro de Exteriores]. Las críticas que surgieron en medios semioficiales y en la televisión estatal no se plantearon como un rechazo a la diplomacia en abstracto. Se centraron en la forma en que se presentó la reapertura del estrecho de Ormuz y en lo que ese planteamiento parecía conceder simbólicamente en un momento de gran presión. En un sistema en el que las señales están estrechamente ligadas a la percepción de fuerza, incluso una flexibilidad calibrada puede interpretarse como debilidad”.
Desde el principio, las elites iraníes han mostrado clara incomodidad con las soluciones intermedias. Prefieren una solución negociada o conflictiva que algo congelado que erosiona poco a poco sus capacidades
Tras el anuncio del ministro de Exteriores el pasado viernes sobre la reapertura del estrecho, la agencia Tasnim, asociada a la Guardia Revolucionaria, escribió lo siguiente: “El tuit erróneo e incompleto de Araghchi y la falsa ambigüedad sobre la reapertura del estrecho de Ormuz”.
Samuele C. Abrami, investigador principal del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB), señala a elDiario.es que la extensión de un alto el fuego sin negociaciones a la vista “invierte la lógica que Teherán había intentado imponer desde el inicio de la guerra, con un gasto distribuido y generación de costes en toda la región”. “Desde el principio, las elites iraníes han mostrado clara incomodidad con las soluciones intermedias. Prefieren una solución negociada o conflictiva que algo congelado que erosiona poco a poco sus capacidades”, agrega. “Pero EEUU también sale perjudicado”, dice Abrami. “Nos quedamos en un escenario en el que Irán se queda con algo más de lo que tenía antes, es decir, el control del estrecho”.
El profesor Robert Pape, de la Universidad de Chicago, lleva tiempo señalando que esta dinámica forma parte de una “trampa de la escalada”: “Cada paso [en la escalada] tiene como objetivo evitar el siguiente, pero a su vez, cada fracaso aumenta la probabilidad de que se produzca el siguiente. Por eso las guerras de suma cero no terminan rápidamente. Avanzan lentamente, mes a mes”.
En este impasse, ambas partes dicen estar listas para volver a las hostilidades.