De los antecedentes penales a la élite del Kremlin
El empresario Umar Kremlev se encuentra en el centro de la polémica internacional tras revelarse que presuntamente ayudó a sufragar la boda de Donald Trump Jr. en las Bahamas. Según una investigación difundida por ProPublica, el magnate habría desembolsado cientos de miles de dólares para cubrir los gastos de la celebración, lo que incluye el alquiler de una isla privada y un exclusivo espectáculo de pirotecnia.
Nacido en 1982 en la localidad industrial de Serpujov, el propio protagonista reconoció haber practicado pugilismo en su juventud, aunque abandonó la disciplina tempranamente. Su historial incluye condenas judiciales por extorsión en 2004 y por agresión en 2007, antes de reorientar su perfil público hacia la promoción deportiva a mediados de la década pasada.
En esa época, el empresario decidió cambiar oficialmente su apellido original, Lutfulloyev, por el de Kremlev. Este cambio no solo le otorgaba una sonoridad más cercana al poder central ruso, sino que también le permitía tomar distancia de su pasado delictivo mientras comenzaba a tejer alianzas estratégicas.
Alianzas clave y ascenso en el deporte mundial
Durante su acercamiento a círculos nacionalistas, Kremlev entabló relación con los Lobos Noctuntos, un conocido club de motociclistas con fuertes terminales políticas. En esos espacios conoció a Alexei Rubezhny, alto cargo del Servicio Federal de Protección de Rusia y cuñado del propio empresario tras contraer matrimonio con su hermana.
Gracias a este respaldo institucional, su influencia se catapultó rápidamente. En 2017 asumió la secretaría general de la Federación Rusa de Boxeo, incorporando a su consejo directivo a figuras de máxima relevancia como Igor Sechin, director ejecutivo de la petrolera estatal Rosneft y estrecho aliado de Vladímir Putin.
Su salto a la arena internacional se materializó en 2020 al convertirse en presidente de la Asociación Internacional de Boxeo (IBA). Sin embargo, su gestión estuvo marcada por una profunda confrontación con el Comité Olímpico Internacional, organismo que terminó por retirarle el reconocimiento oficial en 2023 debido a graves irregularidades financieras y de gobernanza.
Expansión empresarial y lealtad absoluta al poder
Lejos de replegarse ante las sanciones y las críticas del organismo olímpico, el dirigente intensificó sus ataques contra los líderes deportivos. Calificó al exdirigente del boxeo CK Wu de delincuente al que “habría que fusilar” y arremetió duramente contra el entonces presidente del COI, Thomas Bach, a quien acusó de buscar la destrucción de esta disciplina.
En paralelo, sus negocios en territorio ruso experimentaron un crecimiento vertiginoso. Distintas fuentes apuntan a que controla de forma fáctica tres de las principales plataformas de apuestas del país, además de adueñarse en 2024 del gigante automotriz Rolf tras la confiscación de activos a su fundador original, un crítico del Kremlin exiliado.
La lealtad política de Kremlev hacia el mandatario ruso siempre se ha mantenido sin fisuras ni ambigüedades. Durante una intervención pública realizada en 2024, resumió su éxito económico asegurando: “Gracias a una persona, hoy en día existen realmente todo tipo de oportunidades para ganar dinero y aspirar a más. Esa persona, por supuesto, es nuestro presidente, Vladímir Vladimirovich Putin”.
