Un dinamismo económico que supera las previsiones iniciales
El panorama financiero de México muestra un desempeño superior al previsto inicialmente, lo que ha llevado a diversas instituciones a replantear sus estimaciones de crecimiento para el cierre de 2026. Tras la publicación del Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), el cual registró un incremento mensual del 0.6 por ciento en agosto y una tasa anual del 3.5 por ciento —la más elevada desde septiembre de 2023—, analistas de Banamex ajustaron su pronóstico al 2 por ciento, mientras que Banorte lo situó en el 1.9 por ciento, superando la mediana previa de la Encuesta Citi ubicada en el 1.4 por ciento.
No obstante, detrás de estas cifras alentadoras se esconde una realidad compleja. El análisis detallado de los sectores productivos evidencia que la recuperación no ocurre de manera uniforme, sino que avanza dividida en tres velocidades claramente diferenciadas.
Primera velocidad: el auge tecnológico y el comercio al por mayor
El sector más dinámico se concentra en el comercio mayorista, que experimentó un repunte del 12.2 por ciento anual en el octavo mes del año. Este aceleramiento guarda una relación directa con el incremento en las exportaciones de equipos de cómputo y la fuerte demanda internacional de infraestructura digital.
A pesar de que el ensamblaje tecnológico estimula la actividad productiva y la creación de plazas laborales en territorio nacional, el alto uso de componentes extranjeros limita el impacto directo en la generación de valor interno. El desafío principal radica en integrar a un mayor número de proveedores locales en estas cadenas globales de suministro para potenciar el beneficio económico en el país.
Segunda velocidad: el comportamiento mixto de la industria constructora
Por su parte, la industria de la construcción conforma el segundo ritmo de la economía, con un crecimiento anual del 7.9 por ciento impulsado principalmente por la inversión en infraestructura pública y ciertos indicios de reactivación privada. Esta rama genera una cadena de valor que beneficia a proveedores de insumos y fomenta la contratación de mano de obra.
Aun con este avance interanual, el sector no mostró variación respecto a julio. Si bien un solo periodo mensual no es concluyente para decretar una desaceleración, los expertos señalan la necesidad de vigilar de cerca los próximos reportes para determinar si se trata de una pausa temporal o de un freno definitivo.
Tercera velocidad: el rezago en el consumo interno y la disparidad laboral
En el extremo más lento se ubica el sector terciario, donde el comercio minorista apenas creció un 2.4 por ciento anual, mientras que los servicios de alojamiento y preparación de alimentos sufrieron una contracción del 3.1 por ciento. En contraste, los servicios financieros y de salud avanzaron un 3.7 por ciento y 3.8 por ciento, respectivamente, reflejando una marcada desigualdad incluso dentro de las actividades comerciales y de servicios.
Esta disparidad también se refleja en el mercado laboral. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo reportó un total de 60 millones de personas ocupadas, lo que representa una disminución de 267 mil trabajadores en comparación anual, además de una baja en la tasa de participación laboral del 59.6 al 58.5 por ciento. Por el contrario, los registros formales ante el IMSS aumentaron un 1.6 por ciento, evidenciando que la generación de empleos de calidad todavía no se distribuye de manera generalizada.
Perspectivas y retos para el cierre del año
Ante la proximidad de los datos oficiales sobre el Producto Interno Bruto del tercer trimestre, los especialistas llaman a mantener la prudencia frente al cuarto trimestre del año. La moderación en el ritmo mensual del IGAE y una base de comparación más exigente frente a los resultados de 2025 anticipan un escenario donde la sostenibilidad del crecimiento dependerá tanto de la fortaleza de la demanda externa como de la capacidad del mercado interno para reactivar el consumo de los hogares y la contratación empresarial.
