Por Bella G. M.
Ciudad en dos es obra de Marina Porcelli que recopila trece cuentos y, en ellos, también dos formas de habitar. La autora propone textos que viven en dos ciudades: Buenos Aires, Argentina, de donde es originaria, y Ciudad de México, donde vive desde los 30 años.
La ciudad en estos textos juega un papel más allá de ser escenografía. La autora pone sobre la mesa el habitar, pues es una acción que realizamos de forma inherente en nuestras vidas. Pero ¿cuántas veces nos detenemos a ver su significado?
Habitar, creo yo como estudiante de arquitectura, es ver los fantasmas de quienes estuvieron, dejar los propios y, hasta de forma onírica, despertar memorias propias o ajenas de ese lugar. El habitar cambia en nosotros el cómo reaccionamos, actuamos y vivimos. Nuestra intervención en el espacio deja una huella, la misma que delata las historias que han vivido ahí. Asimismo, los textos hacen consciente lo que hace único al espacio en sus memorias:
“Nunca supe por qué actué así. Por qué no compré pasaje para ese mismo día, por qué necesité quedarme una noche más. Despidiéndome de los naranjos embichados y las hormigas grandotas” (Pág. 34)
Encontramos como principal conductor de las historias al hartazgo. La atmósfera que se construye a través de ese sentimiento es absorbente –diría incluso similar a una novela negra–, donde observamos cuánto tiempo puede sostenerse un evento antes de quebrarse.
Aparece –el hartazgo– en los textos como una fuerza que orilla a los habitantes de las historias –y las ciudades– a tomar acción. Aunque, como lo vemos en la obra, no con una connotación motivacional, sino como una consecuencia inherente de la fatiga.
Este sentimiento, transportado a nuestra cotidianidad, lo puedo describir como un síntoma que aparece cuando algo es insostenible, cuando algo pareciera ser eterno, y justo por lo que se vuelve agobiante. Crece hasta construir una realidad que nos absorbe y creemos no poder cambiar.
“El caso es que aguantó los pocos meses que quedaban del año, sin gracia, sin ánimo, hasta que luz llegó con la noticia y dijo que Erica se defendió. […] Se defendió, dijo. La gorda al final se defendió” (Pág. 27).
Los personajes nos hablan desde su memoria, aquellas que han quedado impregnadas en los espacios que hoy habitan. ¿Quién no tiene recuerdos de las experiencias vividas en esa estación del metro, metrobús o camión, en la iglesia cerca de casa o en esa calle habitual cuando se vuelve a transitar?
“Enlazo, sin saber por qué, los policiales que leía en las siestas de Córdoba cuando yo era chica (la Córdoba que fue también mi amistad con Paulina)” Pág. 53
Esta obra me es especial debido a la sensibilidad con la que cuenta las historias, cómo se logra conectar al lector con esa realidad y caminar junto con ellos.
Por ejemplo, el primer cuento, “Tiempo de noche”, observa cuidadosamente los vínculos desgastados y nuestra relación con el entorno. El texto retrata la vida de una pareja envuelta en una relación tan toxica que muere diariamente, sin concebir una alternativa. En contraste, el narrador contempla y analiza esta historia, la cual lo sigue dejando absorto, incluso parece fascinarle vigilar si algo dentro de esa rutina violenta cambia, por minúsculo que pueda ser.
Ciudad en dos es una exploración de la memoria, la violencia y, como se ha mencionado, el hartazgo. Los protagonistas son testigos de violencias que modifican cómo conciben al mundo.
La narrativa nos hace comprender la complejidad de sus vivencias, el peso que tienen en su presente y cómo la ciudad está marcada por innumerables historias que siguen habitando, aún sin los protagonistas ahí. Cuando un sentimiento es tan intenso, deja una huella que marca el habitar. Curiosamente, en un lugar fuera de nuestra forma de comprender el tiempo y el espacio.
El cargo #Reseña | Construir desde el hartazgo: ‘Ciudad en dos’ de Marina Porcelli apareció primero en NÓMADAS.