Una acusación internacional ignorada en territorio mexicano
Un reciente informe emitido por el Departamento de Justicia de Estados Unidos expuso una grave amenaza que, paradójicamente, pasó desapercibida para las autoridades mexicanas. Fiscales de la Corte del Distrito Sur de Nueva York desclasificaron un expediente contra seis individuos vinculados a los servicios de inteligencia de Rusia. Esta estructura, dedicada a orquestar asesinatos selectivos, sabotajes y actos terroristas contra naciones europeas aliadas de Ucrania, mantiene un comando operativo operando en México.
La red, identificada bajo las siglas RIS Network (por sus siglas en inglés de servicios de inteligencia de Rusia), opera al menos desde el verano de 2024. El grupo está conformado por tres ciudadanos rusos con altos mandos, dos cubanos y un venezolano. De acuerdo con la acusación formal, en julio de 2026 el venezolano Ángel Eduardo Castro, asentado en Moscú, consultó mediante mensajería encriptada a un colaborador estadounidense sobre la posibilidad de contratar a un sicario para eliminar a un disidente ruso refugiado en Norteamérica.
Logística detenida y silencio gubernamental
La solicitud de Castro derivó de una direct instrucción de uno de los procesados cubanos, Yaidel Delgado Suárez, conocido como El Vikingo. Este operador admitió la urgencia de sus superiores por hallar un ejecutor, debido a que el equipo de asesinos apostado en México enfrentaba complicaciones logísticas que paralizaban temporalmente sus misiones. Aunque la mención al país fue tangencial dentro del relato judicial, evidencia la presencia de células extranjeras en el territorio nacional.
Hasta el momento, las fiscalías estadounidenses no han revelado identidades, nacionalidades específicas ni ubicaciones de los integrantes de este grupo en suelo mexicano. Asimismo, no existen indicios de que la Fiscalía General de la República (FGR) o el gabinete de seguridad hayan iniciado una indagatoria al respecto. Esta omisión refleja una continuidad en la política exterior heredada desde la administración de Andrés Manuel López Obrador, caracterizada por una estrecha relación con los aparatos de inteligencia de Moscú.
Infiltración diplomática y riesgos para la seguridad nacional
La presencia de un comando internacional con licencia para matar en el país pone en entronque la seguridad nacional. Al no existir control ni conocimiento pleno de sus actividades, cualquier ciudadano mexicano o extranjero podría convertirse en blanco de intereses rusos. Analistas advierten que este escenario otorga a Washington una poderosa herramienta de presión política contra México, utilizado involuntariamente como plataforma de operaciones encubiertas.
Durante los últimos años, las tensiones bilaterales por este tema han escalado. En su momento, diplomáticos estadounidenses reprocharon al gobierno federal la entrega de información sensible sobre agentes norteamericanos en México a la inteligencia rusa. A pesar de los reclamos de Washington y las advertencias sobre un exceso de personal diplomático —donde se estimaba que entre el 20% y el 30% correspondía a espías—, la administración de Claudia Sheinbaum ha mantenido una postura de apertura hacia la influencia del Kremlin.
La estrategia de desinformación y guerra híbrida
La influencia rusa en el país no se limita a operativos clandestinos, sino que abarca frentes mediáticos y políticos. La expansión de medios financiados o afines a Moscú, como cadenas de televisión y plataformas digitales, ha consolidado un canal de propaganda. Este fenómeno fue advertido públicamente en marzo de 2022 por el general Glen VanHerck, entonces comandante del Comando Norte de Estados Unidos, quien señaló que una gran proporción de los agentes del GRU (inteligencia militar rusa) operaba desde territorio mexicano con la mirada puesta en Estados Unidos.
Recientes publicaciones de especialistas internacionales refuerzan la tesis de que México se ha transformado en un objetivo estratégico dentro de la guerra híbrida global. Mientras las superpotencias disputan su hegemonía en el tablero geopolítico, la persistente indiferencia oficial ante la presencia de redes criminales internacionales y células de inteligencia extranjeras expone al país a consecuencias imprevisibles en el mediano plazo.
