Si Claudia Sheinbaum viajara a Barcelona por motivos personales y no de trabajo, compraría un boleto en clase económica. No la imagino gastando más de un mes de su salario para volar en clase ejecutiva: como presidenta de México gana alrededor de 130 mil pesos mensuales, mientras que en Aeroméxico un vuelo redondo CDMX-Barcelona-CDMX en la cabina más amplia —y por lo tanto más cara— puede rebasar los 170 mil pesos.
Si ella pagara de su propia bolsa, seguramente elegiría una opción austera; no creo que jamás haya volado en primera clase o en la llamada business. Sin embargo, no costeará con sus ingresos el viaje de este fin de semana, ya que visitará la capital de Cataluña en funciones de jefa de Estado. El recurso, entonces, lo aporta el gobierno; es decir, el pueblo de México.
Por respeto a la gente y por la convicción de que la austeridad republicana es necesaria en una nación democrática, ella autorizará para sí misma y sus acompañantes los asientos de atrás: los más baratos y, por ende, incómodos.
Hasta donde estoy enterado, volará desde la Ciudad de México con escala en Madrid. Llegará a su destino alrededor de las nueve de la noche del viernes, apenas a tiempo para cenar y dormir. El sábado lo dedicará al encuentro con líderes de países progresistas y el domingo volverá en vuelo directo desde la Ciudad Condal a la capital mexicana.
Según mis cálculos, pasará unas 44 horas en tierra y 24 en el aire. Será un trayecto agotador, pero es el precio de encabezar un gobierno que rechaza los lujos desde el poder. Es también una lección y una advertencia para quienes, en Morena o sus partidos aliados, no conocen el sacrificio.
Pienso en figuras que, aunque no tengan gustos refinados, como Gerardo Fernández Noroña, optan por la cabina cara para evitar la fatiga en viajes largos. Pienso también, y sobre todo, en los amantes de la ostentación que ensucian a la izquierda mexicana: Pedro Haces, Ricardo Monreal, Manuel Velasco —y prácticamente todos los integrantes del Partido Verde—, entre un etcétera por desgracia demasiado largo.
Sigue siendo un pendiente de la izquierda llamar al fumigador para higienizar totalmente un proyecto de gobierno que, por definición, debe rechazar el privilegio.
Posdata: El único gasto extra que hará durante los trayectos seguramente será el internet para estar conectada con su oficina y su familia: alrededor de 500 pesos en cada vuelo.