STILO LIBRE: 21 DE JULIO 2026
La decisión de trasladar las Salas Penal y Civil del Tribunal Superior de Justicia de Parral a la ciudad de Chihuahua comenzó a generar un frente común que difícilmente podrá ser ignorado. Empresarios, abogados y representantes de distintos sectores coinciden en un punto: una determinación de esa magnitud no puede tomarse desde un escritorio sin antes escuchar a quienes diariamente utilizan y sostienen el sistema de justicia en la región. La molestia no es únicamente por el cambio de sede, sino por la percepción de que la centralización vuelve a imponerse sobre las necesidades de las comunidades fuera de la capital. La petición de reunirse con la magistrada presidenta Marcela Herrera Sandoval refleja que aún existe la intención de abrir el diálogo, aunque el descontento ya está sobre la mesa.
El reclamo cobra mayor fuerza porque, según los propios litigantes y el sector empresarial, la medida fue aprobada sin consulta y justo antes del periodo vacacional del Poder Judicial, dejando la impresión de que se buscó evitar el debate público. Desde Parral advierten que mantener a los magistrados en la región no es un simple asunto administrativo, sino una garantía de cercanía con los ciudadanos y de una justicia más accesible. Además, la preocupación va más allá de este caso, pues existe el temor de que la concentración de las Salas en Chihuahua se convierta en un precedente para absorber también las funciones de otras regiones, debilitando la presencia institucional del Poder Judicial en el resto del estado.
Hay una vieja regla no escrita en la política mexicana: cuando los de arriba se pelean, los de abajo aprovechan para levantar la mano. El problema es cuando la mano viene vacía.
Eso parece estar ocurriendo en Morena Chihuahua, donde ese grupo conocido como «Los de Abajo» decidió que ya estuvo bueno de contemplar la pelea entre Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar. Dicen que ninguno les llena el ojo. A la senadora le reclaman el exceso de reflectores, la política de redes sociales, la falta de experiencia ejecutiva y un liderazgo que, aseguran, no termina por convencer a la militancia tradicional. Del alcalde juarense tampoco están enamorados.
Y como toda buena inconformidad necesita un plan alternativo, encontraron a su campeón: el profesor Martín Chaparro.
Sí, el mismo Martín Chaparro que durante años presidió Morena en Chihuahua. El mismo cuya gestión difícilmente será recordada por una cascada de triunfos electorales. Si acaso, el mayor trofeo que puede presumirse de aquella época fue Ciudad Juárez, mientras el resto del estado parecía una colección de derrotas con diferentes fechas.
Pero la lógica política suele tener un sentido del humor bastante peculiar. Para «Los de Abajo», Chaparro representa la esencia del movimiento, la militancia fundadora, el morenismo sin maquillaje, el que estuvo cuando todavía no había cargos para repartir ni selfies que presumir.
Hasta ahí, la historia suena romántica. Casi épica.
El inconveniente aparece cuando la realidad pasa lista.
Porque una candidatura no se construye únicamente con convicción. Tampoco con antigüedad partidista. Ni con el certificado de «yo sí fui fundador». Las campañas modernas cuestan. Y cuestan mucho. Se pagan con estructura, operadores, publicidad, giras, logística y un ejército de personas moviendo la maquinaria durante meses.
Traducido al español político: se necesita cash.
Y precisamente ahí es donde el proyecto comienza a parecer más una asamblea de buenas intenciones que una ruta hacia Palacio de Gobierno.
Porque podrán tener el discurso de la militancia pura, podrán presumir que nunca se vendieron, podrán decir que representan al verdadero Morena… pero las bardas no se pintan con principios, los espectaculares no aceptan ideales como forma de pago y las campañas no hacen descuentos por autenticidad.
Mientras Andrea mueve reflectores y Cruz estructura operadores, «Los de Abajo» parecen estar organizando una cooperacha para comprar el primer paquete de volantes.
No es una crítica a la honestidad del grupo. Es, simplemente, la cruel matemática electoral.
En política, el corazón inspira… pero la chequera respira.
Así que el profesor Chaparro podrá convertirse en el candidato de la conciencia, de los fundadores, de los puristas y de quienes todavía creen que la revolución empieza con una reunión en una cafetería.
El detalle es que las gubernaturas no suelen decidirse en las cafeterías.
Se deciden en campañas.
Y las campañas, les guste o no a los románticos de la política, no se ganan con intenciones.
Se ganan con votos… y para conseguirlos hace falta una cantidad nada despreciable de recursos.
Como diría el clásico de la sabiduría popular:
Lástima, Margarito.
Los rumores rumbo a 2027 ya comenzaron a recorrer los pasillos de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado. Conforme se acerca el momento en que Gilberto Loya Chávez deba solicitar licencia para buscar la candidatura del PAN a la gubernatura, también crecen las especulaciones sobre quién ocupará una de las dependencias más importantes del gabinete estatal.
Según las versiones que circulan al interior de la corporación, la decisión no recaería en la estructura de la propia Secretaría, sino directamente en la gobernadora María Eugenia Campos Galván. Incluso, se comenta que el relevo tendría un perfil eminentemente político, ya que promover a cualquiera de los subsecretarios podría provocar reacomodos y disputas internas en las áreas que actualmente encabezan.
Por ello, en los corrillos de la dependencia comienza a tomar fuerza la versión de que el nombramiento podría convertirse en un acuerdo para algún perfil cercano al grupo gobernante. Por ahora no existe ninguna definición oficial, pero conforme se acerca el calendario electoral, los rumores parecen avanzar más rápido que los propios tiempos legales para las candidaturas.
