STILO LIBRE: 24 DE JUNIO 2026
La Coordinación de Comunicación Social del Municipio decidió ayer innovar en materia de comunicación institucional: convocó a los medios para no comunicar absolutamente nada. En un acto de coherencia inversa digno de estudio, avisó con entusiasmo que el alcalde Marco Bonilla atendería preguntas a las 11:30 de la mañana. Los reporteros llegaron, los camarógrafos prepararon sus equipos, los fotógrafos buscaron el mejor ángulo y todos esperaron. Y esperaron. Y siguieron esperando. Lo que nunca llegó fue el alcalde. Quizá la verdadera conferencia era una dinámica de resistencia física y mental para los periodistas.
Después de una hora, alguien apareció para informar que el edil seguía en una reunión y que más adelante avisarían. Un mensaje que, visto en retrospectiva, resultó tan útil como un paraguas de papel en plena tormenta. Pasaron dos horas más sin noticias, sin explicaciones y sin la más mínima cortesía institucional. Finalmente, casi a las dos de la tarde, llegó la gran información prometida: que siempre no. Que las preguntas se responderían hoy, después de Cabildo. Dos horas y media de espera para recibir un mensaje de apenas unas cuantas palabras. La eficiencia administrativa convertida en arte conceptual.
Lo más curioso es que nadie cuestiona que el alcalde se reúna con figuras destacadas como las marchistas Alegna González y Ximena Serrano, orgullo deportivo del país y promesas olímpicas. El problema no fue la reunión, sino que mientras los atletas caminaban rumbo a sus metas, los periodistas permanecían estacionados rumbo a ninguna parte. Porque una cosa es reorganizar una agenda y otra muy distinta es considerar que el tiempo ajeno vale menos que un mensaje de WhatsApp enviado al vapor.
La escena deja una pregunta inquietante para el futuro político de Marco Bonilla. Si desde la Presidencia Municipal la coordinación encargada precisamente de comunicar logra semejantes niveles de descomunicación, ¿qué sucederá si algún día despacha desde Palacio de Gobierno? ¿Tendrán que llevar sleeping bag los reporteros para esperar una entrevista? ¿Se avisará con tres horas de retraso que la rueda de prensa era la próxima semana? Porque si algo quedó claro ayer es que Comunicación Social encontró una fórmula revolucionaria: comunicar tan mal que hasta el silencio parece una estrategia mejor planeada.
La Comisión Federal de Electricidad se ha convertido en el personaje más útil de la política mexicana. Cuando algo falla, ahí está la CFE para cargar con las culpas. El Gobierno Federal la culpa de los problemas heredados por los neoliberales; los neoliberales culpan a la CFE de los apagones; y ahora el Municipio de Chihuahua también encontró en la paraestatal a su villano favorito. Esta vez, la Clínica IMPAS de Punta Oriente suspendió sus servicios por una falla en el suministro eléctrico y el comunicado oficial prácticamente traduce: “No es nuestra culpa, es de ellos”. Una explicación que, aunque pudiera ser cierta, deja más preguntas que respuestas.
Porque si una clínica deja de funcionar completamente cuando se va la luz, el problema ya no es únicamente que se fue la electricidad. La pregunta es qué tan preparada estaba para cuando eso ocurriera. Después de todo, no estamos hablando de una estética, una tienda de ropa o una oficina de trámites. Se trata de una instalación médica donde se supone que la continuidad del servicio debe ser una prioridad. Resulta difícil entender cómo una clínica pública puede quedar fuera de operación por un corte eléctrico sin contar con mecanismos alternos que le permitan seguir funcionando.
Y aquí aparece otro detalle incómodo. Si desde el Municipio se insiste constantemente en que la infraestructura federal es insuficiente, que los apagones son frecuentes o que la CFE tiene deficiencias, entonces sería lógico pensar que se tomaron previsiones. ¿Dónde está la planta de emergencia? ¿Dónde están los sistemas de respaldo? ¿Dónde están los paneles solares que tanto se promueven en discursos sobre sustentabilidad? Porque si el riesgo es conocido, la obligación institucional es prepararse para enfrentarlo y no descubrirlo justo cuando los pacientes llegan a consulta.
Al final, el comunicado termina pidiendo comprensión a los usuarios por una situación «ajena a la operación de la clínica». Tal vez sea cierto. La falla eléctrica puede ser externa. Lo que ya no es tan externo es la falta de un plan B. Porque cuando una clínica suspende servicios por quedarse sin energía, el problema deja de ser únicamente un cable o un transformador. También se convierte en una pregunta sobre planeación, previsión y capacidad de respuesta. Y si cada vez que algo sale mal la respuesta oficial será señalar hacia otro lado, entonces el Ayuntamiento y el Gobierno Federal tienen más cosas en común de las que ambos estarían dispuestos a reconocer.