Como originaria de la región de Teotihuacán, la tierra que me vio nacer, y tras haber tenido el honor de servir como Directora de Promoción Turística del Gobierno del Estado de México, hoy escribo con el corazón lleno de tristeza, pero también con una firme convicción de justicia. Lo ocurrido recientemente en nuestra zona arqueológica, mi lugar favorito en el mundo y el orgullo más grande de nuestra tierra, me duele profundamente.
Teotihuacán no es solo un conjunto de pirámides, es uno de los sitios más visitados a nivel global y el corazón de nuestra identidad mexiquense y mexicana. La grandeza de este patrimonio debe ir acompañada de una seguridad a la misma escala. Los hechos recientes nos obligan a hacer una pausa necesaria y urgente para hablar del reforzamiento inmediato de los protocolos de seguridad. No podemos permitir que la experiencia de conectar con nuestra historia se vea empañada por la tragedia en ninguno de nuestros destinos.
Quiero expresar mis más sinceras condolencias a los familiares de quien lamentablemente perdió la vida, así como mi total solidaridad con las personas que resultaron heridas. Mi pensamiento y oraciones están con ustedes en este momento de dolor.
Asimismo, es imperativo reconocer el heroísmo de quienes estuvieron en la primera línea: nuestras y nuestros guías de turistas. Su reacción inmediata para auxiliar a las y los heridos no solo demuestra su profesionalismo, sino la calidad humana que caracteriza a quienes dan vida a este sitio día con día. Ustedes son las y los verdaderos guardianes del Valle y su labor hoy merece todo nuestro agradecimiento.
La grandeza de Teotihuacán ante los ojos del mundo nos obliga a garantizar una experiencia segura y digna para cada visitante. Hagamos un llamado a la unidad entre gobierno, sector turístico y comunidad para asegurar que caminar por esta mágica zona arqueológica sea, de nuevo, un acto de profunda conexión y paz, libre de riesgos evitables. Este suelo sagrado nació para brillar por su majestuosidad. Por el futuro de nuestra tierra y la tranquilidad de nuestras familias, así como de quienes la visitan y trabajan en ella, reforzar la seguridad es una urgencia que no admite más demoras.
Hoy más que nunca, es momento de que cerremos filas por nuestro patrimonio. Teotihuacán nos ha dado identidad y sustento durante generaciones, nos toca ahora velar por su integridad y la de quienes nos visitan. Juntas y juntos, impulsemos una cultura de prevención y seguridad que esté a la altura de la Ciudad de los Dioses, asegurando que este legado siga siendo, por siempre, un lugar de encuentro, orgullo y vida.