Un sábado cualquiera, a las 4:30 de la tarde, la escena frente a este establecimiento del sur de la colonia Condesa se repite sin excepción: largas filas de comensales aguardan pacientemente sobre la banqueta. Al cruzar el umbral, el ambiente festivo envuelve tanto el interior como el exterior, generando una atmósfera donde los clientes se mezclan como si formaran parte de una gran reunión familiar, compartiendo risas y charlas en un espacio de camaradería inigualable.
La devoción de los clientes y una historia desde 1984
Este clásico de la gastronomía urbana opera en una amplia casona dividida en tres niveles que se encuentra activa desde el año 1984. Por sus mesas transitan diariamente tanto jóvenes como adultos mayores, residentes locales y visitantes de otras entidades que buscan un refugio de autenticidad en medio de la metrópoli.
“Tenemos gente que por estar aquí puede esperar hasta una hora o más con tal de entrar”, cuenta Gerardo Ogando, encargado de este clásico de la Condesa.
La lealtad de la clientela hacia este espacio rebasa los límites de lo convencional. Según relata el propio Ogando, existen visitantes tan apegados al lugar que viajan expresamente desde estados vecinos para conmemorar aniversarios o fechas especiales. Incluso, en circunstancias entrañables, algunos familiares han acudido para brindar un último adiós a comensales históricos: “Traen su foto para un último recuerdo en Montejo”, relata el encargado.
Sabor peninsular y tradición botanera
Uno de los principales imanes de la casa es su propuesta gastronómica enfocada en la comida yucateca. En el salón principal, caracterizado por su distintivo piso decorado con un patrón ajedrezado en blanco y negro, la estrella indiscutible del menú es la tradicional cochinita pibil. No obstante, los comensales también suelen inclinarse por variantes como el popular taco cachondo —que combina esta carne con tortilla dorada y queso—, además de clásicos como la sopa de lima, los papadzules, el queso relleno y alternativas ligeras dirigidas a los trabajadores de la zona que cuidan su alimentación.
Por otro lado, en la cantina, donde todavía se juega al dominó, se conserva la tradición botanera. Las preparaciones varían según la jornada: los martes están dedicados al chamorro a los tres chiles, los jueves se sirve paella y los sábados se ofrecen carnitas, mientras que el resto de la semana la selección queda en manos de la experiencia de la cocinera. El ambiente suele redondearse con la presencia de tríos musicales que amenizan la tarde interpretando boleros de antaño.
Un equipo con décadas de trayectoria
El factor humano constituye otro de los pilares fundamentales del establecimiento. Gran parte del personal, tanto en las labores de cocina como en la atención a las mesas, ha permanecido en el negocio durante más de 30 años, consolidando un ambiente cálido y genuino.
El nombre de este recinto rinde homenaje a la emblemática avenida Paseo de Montejo situada en Mérida. Con el paso de las décadas, La Montejo se ha afianzado como un referente indispensable en la capital, destacando por ser un punto de encuentro siempre solicitada y confiable para quienes buscan buena mesa y un trato entrañable.
