Destruir la condición humana y convertir a un ser en mercancía es la violencia más atroz. Es la degradación que vuelve objeto al cuerpo, borra nombre, historia, voluntad… arrebata al otro la dignidad. Y en esa espiral de violencia, la vida de alguien queda reducida a un sentido utilitario. Pero hay algo no revelado o soslayado_ quien explota también se deshumaniza.
La trata de personas es la esclavitud contemporánea. Genera acciones inimaginadas: extracción de órganos, servidumbre doméstica, mendicidad forzada, reclutamiento criminal, explotación laboral y sexual.
México es país de origen, tránsito y destino de la trata de personas. Y cada día que pasa, normalizamos el crimen que vuelve objetos a seres humanos.
En Tlaxcala, por ejemplo, hay municipios como Tenancingo donde por décadas se documenta la existencia de redes familiares dedicadas a la trata. Operan con impunidad, protección local y silencio social. Es una industria innombrable, pero real.
La trata de personas tiene hondas raíces. En la Colonia apareció con sistemas de explotación indígena como encomienda que incluía trabajo forzado, servidumbre y venta de personas. Durante el siglo XIX persistieron prácticas de peonaje, servidumbre doméstica y explotación sexual de mujeres indígenas y afrodescendientes. Ya en el siglo XX, surgieron las redes de prostitución forzada, explotación laboral infantil y tráfico de migrantes.
Como delito moderno, tipificado y reconocido, aparece en México en 2007, con la primera Ley para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas. En 2012 se crea la ley actual, más amplia y alineada con estándares internacionales.
¿Por qué persiste este crimen? Las razones son multifactoriales, y pareciera que encarnan a la figura mitológica de Hidra de Lena: cercenan un brazo de acción y aparecen dos en su lugar. La trata posee una red de protección en el que aparece la impunidad estructural, corrupción, economías locales capturadas, desigualdad extrema, demanda constante y silencio social.
La cosificación es un proceso de ingeniería emocional y psicológica en la que intervienen el aislamiento, control, despersonalización y utilitarismo extremo. Es la negación absoluta del valor intrínseco de la vida humana.
Las cifras muestran una realidad desoladora: Entre 2015 y 2023, México registró más de 7,000 carpetas de investigación por trata. Pero la ONU estima que por cada víctima identificada hay entre 20 y 30 que no lo son.
Y hoy hablamos de esto porque el silencio es cómplice, la trata prospera en la sombra y nombrarla es el primer acto de resistencia ante un crimen donde menos del 1% de los casos termina en sentencia condenatoria.
La impunidad casi es total, se recrudece la corrupción en autoridades locales, faltan investigaciones especializadas y la redes familiares son difíciles de desarticular. Entretanto, la deshumanización es una sombra permanente que no logramos erradicar…y muchas veces, ni siquiera nos atrevemos a nombrar.
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