Un campo minado para la paz: los obstáculos que afronta el acuerdo entre EEUU e Irán hasta la firma del viernes

La oposición de Israel, las dudas de los republicanos y la desconfianza de Irán son algunas de las principales dificultades de un acuerdo que está previsto sea ratificado este viernes en Ginebra
Ormuz, el programa nuclear o los fondos embargados: qué sabemos del acuerdo entre Irán y EEUU
¿Quién se acuerda hoy de la Junta de Paz creada por Donald Trump para Gaza? Ocho meses después del anuncio del alto el fuego entre Hamás e Israel, han sido asesinados 992 palestinos –con una media de 124 al mes, cuatro al día–, la muerte sigue presente en Palestina a manos del Gobierno de Benjamín Netanyahu y no hay horizonte para el supuesto plan de paz del presidente de EEUU.
El pasado 8 de abril se firmó un alto el fuego entre EEUU e Irán, y han hecho falta más de dos meses para traducirlo en un memorándum de entendimiento que aún no se ha hecho público. Por el camino, se han producido bombardeos en Irán, en los países del Golfo, una invasión creciente de Israel sobre Líbano, con hasta 130 proyectiles lanzados este lunes, según la ONU, después de haberse anunciado el acuerdo entre Washington y Teherán que debería comprender una tregua también en suelo libanés.
Por mucho que Trump anunciara en octubre pasado que el acuerdo de Gaza ponía fin a una guerra milenaria gracias a su mediación, y por mucho que está dando por reabierto el estrecho de Ormuz y anime a los “barcos del mundo” a circular por el paso por el que transitaba el 20% del comercio del petróleo hasta el inicio de la guerra lanzada por EEUU e Israel, a menudo la realidad suele tener una vida al margen de los enunciados de la Casa Blanca.
Y este acuerdo, anunciado por los mediadores –Pakistán– y las partes –EEUU e Irán–, pende de un hilo por los múltiples intereses contrarios a un compromiso, tanto en la región como fuera de ella, y por las propias ambiciones de los signatarios: el Gobierno israelí de Benjamín Netanyahu no deja de demostrar que no quiere el fin de una guerra que llevaba lustros alentando; en EEUU, parte de la base MAGA más afín a Israel, que tienen dudas sobre el acuerdo; y los propios iraníes que han perdido a muchos dirigentes y cuyo Gobierno no siempre es homogéneo.
Las prisas de Trump
El presidente de EEUU sabe que tiene elecciones legislativas a la vuelta de la esquina y que puede perder el poder total que tiene ahora en EEUU. Y eso es un riesgo para lo que quede de legislatura. Los precios de la gasolina están un 50% más caros que antes de la guerra en Irán, a raíz del bloqueo del estrecho de Ormuz, y eso es algo que notan todos los estadounidenses, en un país en el que, en muchas ciudades, es imposible vivir sin coche.
El último dato del IPC muestra que los precios están en máximos de los últimos tres años, y que el presidente que prometió mejor calidad de vida para los estadunidenses. Así, después de decir que el estrecho de Ormuz no era un problema para EEUU y que las petroleras estadounidenses estaban haciendo su agosto con el bloqueo de ese paso, el presidente de EEUU sabe que necesita ese acuerdo para tener posibilidades de conservar el Senado a partir de noviembre.
Cisma MAGA
Mientras tanto, los MAGA que apoyan al presidente pero llevan años haciendo campaña a favor del derrocamiento del régimen iraní no ven claro el acuerdo anunciado.
“La pregunta que me planteo, con todo el debate que circula y demás, es: ¿cómo se abordará y garantizará el cumplimiento más allá de la presidencia de Trump? ¿No es esa la cuestión fundamental?”, preguntó Mark Levin en referencia al memorando, durante un monólogo en su programa de Fox el domingo por la noche:.
“Partiendo de la base de que las futuras negociaciones deben conducir a un acuerdo definitivo”, continuó Levin, “veo muy poco debate, información o declaraciones oficiales sobre cómo se haría cumplir el memorando de entendimiento o el acuerdo final para garantizar su cumplimiento. A fin de cuentas, esto es lo que determina si un acuerdo puede mantenerse o no”.
Levin cuestiona cómo se abordará el acuerdo sobre las reservas nucleares de Irán, la producción de misiles balísticos, el apoyo a Hezbolá y la represión de su propia población. Elogió a Trump calificándolo como “el único presidente en medio siglo que ha dado rienda suelta a nuestras fuerzas armadas” y destacó su “liderazgo inigualable”, pero concluyó el monólogo declarándose “muy escéptico respecto a cualquier acuerdo”.
Asimismo, Marc Thiessen, colaborador de Fox partidario de una postura dura con Irán, expresó su preocupación por el acuerdo en Fox & Friends, el programa matutino favorito del presidente. Thiessen, quien ha asesorado a Trump en privado sobre la guerra, pidió la semana pasada un “ataque decisivo” contra Irán para “terminar el trabajo”.
“Todavía no conocemos los detalles del acuerdo”, señaló Thiessen el lunes. “No sabemos qué se ha pactado y la cuestión nuclear está aún pendiente de negociación. Esto es solo un acuerdo para negociar el aspecto nuclear. Así que ese es un problema. Otro problema es que a Trump solo le quedan dos años y medio de presidencia. En algún momento podríamos tener otro presidente débil como Barack Obama o Joe Biden, y no van a cumplirlo. Y el tercer problema es que el régimen iraní, gracias a todos esos ataques militares, está contra las cuerdas, y un acuerdo —incluso uno bueno— les ayuda a levantarse”.
Thiessen añadió que levantar el bloqueo estadounidense a los puertos iraníes supone “miles de millones de dólares para las arcas del régimen iraní sin que hayan hecho nada”, además de mencionar informaciones que señalan que el memorando de entendimiento (MOU) proporciona un “salvavidas” económico “para reactivar su régimen”.
“Se habla de un fondo de reconstrucción de cientos de miles de millones de dólares… Eso sería como aplicar el Plan Marshall a Alemania mientras los nazis aún estaban en el poder», concluyó. ”Estoy ansioso por ver cuáles son los detalles del acuerdo y qué se negocia, pero me preocupa“, dijo el comentarista de Fox
El carácter indeterminado de las disposiciones del acuerdo de paz entre EEUU e Irán da alas a los escépticos para atacarlo y tratar de hacerlo descarrilar antes de que se firme el próximo viernes. En EEUU, en Irán y en Israel son múltiples las voces que pública y soterradamente se oponen a la firma, cada una por sus propios motivos.
Filtraciones de Irán
El acuerdo, que está previsto sea firmado el próximo viernes, no se ha publicado por ninguna de las dos partes, si bien están circulando detalles no confirmados.
Por ejemplo, la agencia de noticias Mehr ha publicado 14 cláusulas, indicando que son los “detalles del proyecto de entendimiento” entre Irán y Estados Unidos. Según esta información, recogida por la BBC, los puntos supondrían un gran acuerdo para Irán: cese permanente e inmediato de la guerra en todos los frentes, incluido Líbano; compromiso de Estados Unidos con la no injerencia en los asuntos internos de Irán y el respeto por la soberanía de la República Islámica de Irán; levantamiento completo del bloqueo naval en un plazo de 30 días; compromiso de Estados Unidos de retirar sus fuerzas de todo Irán; reapertura del Estrecho de Ormuz en 30 días bajo el mando iraní; suspensión de las sanciones a las ventas de petróleo, productos y derivados petroquímicos, y acceso completo para Irán a sus recursos financieros; necesidad de que Estados Unidos y sus aliados proporcionen planes de reconstrucción para Irán por valor de al menos 300.000 millones de dólares; y 60 días de negociaciones para llegar a un acuerdo final basado en cuestiones nucleares y el levantamiento completo de las sanciones primarias y secundarias, las sanciones de los Estados Unidos, las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y las resoluciones de la Junta de Gobernadores del OIEA.
Además la agencia estatal persa afirma que el acuerdo incluye el compromiso de Irán de no producir armas nucleares; que durante el período de negociación, Estados Unidos se ha comprometido a no reforzar a su despliegue en la región y a no imponer nuevas sanciones; la liberación de 24.000 millones de dólares en fondos congelados de Irán durante el período de 60 días de las negociaciones finales. La mitad de esta cantidad debe estar disponible para Irán antes del inicio de las negociaciones; y el establecimiento de un mecanismo de supervisión para implementar el acuerdo.
Los iraníes de línea dura
En las múltiples capas del enrevesado sistema político iraní hay una minoría esencialista que viene poniendo en solfa las negociaciones desde el comienzo. Agrupados fundamentalmente en torno al Frente para la Estabilidad de la Revolución Islámica, también conocido como Paydari, sus críticas afectan al fondo, pero también a la forma: recelan del equipo negociador, cuyas figuras más destacadas son Mohammad Ghalibaf, el presidente del parlamento iraní, y el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi.
“Un acuerdo ideado por los creadores del vergonzoso acuerdo JCPOA [el acuerdo nuclear firmado entre Irán y EEUU durante el segundo mandato de Barack Obama, denunciado después por Trump] es definitivamente una pura pérdida”, escribió en X el diputado Mahmoud Nabavian, vinculado al grupo, en referencia a Araghchi.
El parlamentario publicó en redes una crítica en la que tachaba el último borrador de acuerdo de “perjudicial” y criticaba que planteaba retrocesos en la posición iraní en cuanto a la apertura del estrecho de Ormuz, que requerirá la retirada de minas sembradas por Irán. También censuraba la ambigüedad respecto al levantamiento de sanciones o la liberación de fondos bloqueados. El acuerdo “mantiene las sanciones, hace perder el estrecho de Ormuz y extiende la sombra de la guerra sobre el país”, según afeaba por su parte el diputado Amir Hossein Sabeti.
La desconfianza extrema de EEUU como interlocutor en cualquier negociación o la oposición a que se renuncie definitivamente al material nuclear caracterizan las posiciones, que se tienen por minoritarias, pero no desdeñables (su candidato logró el 45% de los votos en las elecciones presidenciales de 2024). Constan protestan recientes de sus seguidores en las calles de Teherán en las que se insiste en que no se transija ante los asesinos del ayatolá Ali Jamenei y se acusa de traidor a quien expresa contemplaciones.
El campo de los paydari no es uniforme, no obstante, y su líder espiritual, Mohammad Mehdi Mirbaqeri, se mostró a favor del acuerdo en redes. El medio especializado en Irán, Irak y la península arábiga Amwaj Media interpreta que este cierre de filas puede tener que ver con que el líder supremo, Mojtaba Jamenei, esté supervisando el acuerdo.
“Peajes” o “tasas” en Ormuz, una distinción relevante
Una de las cuestiones más espinosas es el futuro del estrecho de Ormuz. Aunque se anuncia el cese del bloqueo iraní y el contrabloqueo estadounidense, no está claro que el paso marítimo vuelva a poderse franquear sin coste, como antes de que comenzase la guerra. Trump señala que no habrá peajes, pero todavía no se descarta que se establezca algún tipo de tasa o tarifa, como sugieren las informaciones que han trascendido sobre las negociaciones a este respecto entre Irán y Omán, los dos Estados ribereños del estrecho.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Esmail Baghaei, se refirió al asunto el lunes en rueda de prensa. Según indicó, el memorando acordado con EEUU atribuye a Irán, en cooperación con Omán y en consulta con las demás partes interesadas, la responsabilidad de garantizar una navegación segura en el estrecho, y su país cobrará por los servicios que preste en ese ámbito.
Baghaei, quien defiende que la soberanía iraní sobre el estrecho “queda plenamente preservada”, aseguró que Teherán no intentará cobrar peajes a los barcos por pasar por esta vía marítima estratégica, pero sugirió que aún podría cobrar tarifas “a cambio de los servicios prestados” junto a Omán. “Por los servicios que prestaremos —servicios de navegación, protección del medio ambiente, posibles seguros para los buques y otros servicios proporcionados por Irán y Omán— se establecerán y cobrarán los costes correspondientes”, afirmó.
La postura iraní podría tener cierto encaje legal, según explicaba en abril en un artículo en The Nation la profesora de Derecho de la Universidad de Colorado Maryam Jamshidi. Dado que el país no ha ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, podría aplicar un régimen más restrictivo al que figura en ese tratado y “cobrar tasas a los buques a los que presta servicios concretos, como guiarlos a través del estrecho o brindarles otra asistencia relacionada con la seguridad”.
Netanyahu guarda silencio y sus ministros vociferan
Donde no hay apenas matices respecto al impacto negativo del acuerdo es en el seno del Gobierno israelí. El intento del primer ministro, Benjamin Netanhayu, de hacer fracasar las negociaciones con el bombardeo de Beirut el domingo —una línea roja para Irán— ante la exigencia expresa de Trump, ha podido resultar contraproducente: algunas informaciones señalan que el mandatario estadounidense aceptó acelerar el levantamiento del bloqueo naval a cambio de que Teherán no respondiese al ataque israelí a la capital libanesa.
Israel se enfrenta ahora a la posibilidad de que la guerra que instigó para descabezar al régimen iraní haya acabo reforzándolo, en la práctica, y tampoco haya servido para quebrar su alianza con la milicia chií libanesa de Hizbulá. Los términos conocidos del acuerdo indican que la guerra debe cesar también en Líbano.
A falta de una declaración pública de Netanyahu, sus ministros ultras avanzan que no se sienten vinculados por el acuerdo entre EEUU e Irán. El titular de Defensa, Israel Katz, aseguró que la ocupación seguirá “a pesar de todas las presiones existentes y las que aún puedan surgir […] El primer ministro Benjamin Netanyahu y yo estamos impulsando una política clara que determina que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) permanecerán en las zonas de seguridad de Líbano, Siria y Gaza, sin límite de tiempo, para proteger la frontera y las comunidades israelíes de la zona contra elementos yihadistas”, afirmó en un comunicado en el que también avisaba: “Si Irán ataca a Israel debido a los acontecimientos en el Líbano, lo atacaremos con toda nuestra fuerza”.
El ultraderechista ministro de Defensa, Itamar Ben-Gvir, se manifestó en términos similares. “Israel no está subordinado a EEUU. Somos un país independiente y soberano”, afirmó, según recoge The Times of Israel. “No somos socios de este acuerdo, que no garantiza nuestra seguridad. No debemos retirarnos de ningún territorio [en Líbano] que nuestros combatientes hayan capturado”, insistió. El también extremista ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, declaró, a su vez, que el acuerdo era “malo para Israel y para todo el mundo libre. Y punto”.
Prácticamente, todo el arco parlamentario israelí cargó contra Netanyahu, que a la vuelta del verano se enfrentará a unas nuevas elecciones y la posibilidad de verse ante los tribunales por corrupción si acaba perdiendo el cargo. Entre las voces críticas está la el ex primer ministro Naftali Bennett, uno de los principales contrincantes del actual jefe del Ejecutivo, de quien criticó su incapacidad “de lograr una victoria decisiva”. Avigdor Lieberman, que fue ministro de Defensa y de Hacienda en Gobiernos previos de Netanyahu, calificó el acuerdo de “desastre diplomático”. Declaraciones de este tenor se sucedieron a largo del lunes, sin que trascendiesen alusiones a la sangría que hasta la fecha ha supuesto la invasión del país vecino, en la que han muerto más de 3.700 personas.
Mientras el torrente de declaraciones contrarias se sucede, el lunes se conoció que EEUU e Irán celebrarán reuniones indirectas en Doha (Qatar) esta semana antes de la firma formal del acuerdo, según informó francesa AFP citando a un diplomático anónimo.