Una crisis humanitaria sin precedentes
El noveno reporte del Estado de los Derechos Sociales en Cuba expone un panorama sumamente crítico para la ciudadanía en la isla. De acuerdo con el análisis, que recopila las respuestas de 1.318 entrevistas realizadas en todo el territorio nacional, el 94% de los hogares se encuentra sumido en la pobreza extrema. Además, la falta de recursos económicos y el desabastecimiento crónico de alimentos han provocado que 8 de cada 10 encuestados reconozcan haberse saltado alguna de las comidas principales del día, ya sea el desayuno, el almuerzo o la cena.
Más allá de la emergencia alimentaria, el estudio ofrece lecturas profundas sobre el clima político actual. La administración encabezada por Miguel Díaz-Canel y Manuel Marrero Cruz enfrenta un nivel de desaprobación récord. El 95% de la población rechaza abiertamente la gestión social y económica del Ejecutivo, marcando la peor evaluación histórica de este indicador, mientras que apenas un 3% respalda su labor.
Desconfianza institucional y expectativas de transformación
La brecha entre la ciudadanía y las autoridades también se refleja en la escasa credibilidad de las recientes normativas gubernamentales. Ante las 176 medidas implementadas recientemente por el régimen, el 84% de la ciudadanía anticipa que estas no generarán ningún tipo de bienestar en su vida cotidiana. En contraste, solo un 6% confía en que tendrán un impacto positivo, al tiempo que un 8% se muestra indeciso y un 2% prefiere no emitir opinión.
A pesar de este contexto de profundo pesimismo frente a las políticas oficiales, las perspectivas de una modificación en el rumbo del país muestran matices interesantes. La mitad de los consultados, es decir, el 50%, confía en que se produzca alguna transformación favorable en el corto plazo —en un horizonte de seis meses—, frente al 32% que descartó esta posibilidad y un 15% que prefirió mantenerse en la incertidumbre.
Estos anhelos de renovación no parecen estar conectados con las decisiones económicas recientes del oficialismo, sino que podrían responder a factores geopolíticos externos, como los acontecimientos registrados en Venezuela a inicios de año. Los datos fueron recabados mediante un trabajo de campo ejecutado entre el 27 de junio y el 29 de julio de este año.
Demanda de un giro estructural y fin de ciclo político
Cuando la ciudadanía evalúa qué tipo de transformaciones requiere la nación, las opciones que priorizan reformas tanto políticas como económicas se sitúan a la cabeza con un contundente 76% de apoyo. Muy por detrás se ubican quienes reclaman cambios exclusivamente económicos con un 9%, aquellos que exigen el levantamiento del embargo estadounidense con un 7%, y los que piden modificaciones únicamente políticas con un 4%. La alternativa de preservar el modelo actual carece prácticamente de respaldo social.
Al contrastar estas cifras con el escaso 3% que avala la gestión oficialista, el 6% que confía en las medidas estatales y el 7% que prioriza el fin del embargo como meta principal, se evidencia una desconexión absoluta entre el núcleo gobernante y la sociedad. Incluso los sectores más tradicionales que repiten el discurso oficial contra las sanciones extranjeras se han distanciado de la realidad operativa del régimen.
El grupo que aboga exclusivamente por ajustes en la economía podría albergar simpatías hacia modelos de corte autoritario con apertura mercantil, una corriente sociológica observable en otras latitudes. Sin embargo, la gran mayoría de los cubanos exige una metamorfosis integral que abarque todas las esferas de la vida nacional.
Para los autores del estudio, la magnitud del repudio hacia el Partido Comunista de Cuba y la falta de sintonía entre sus consignas y las aspiraciones populares evidencian el cierre definitivo de una etapa histórica. La sociedad camina hacia el futuro con expectativas contenidas, situando al modelo actual en una posición de virtual colapso, a la espera de que los acontecimientos terminen por definir el desenlace institucional.
