Aunque el comisario de la Policía Municipal de Chihuahua, Julio César Salas, informó que en lo que va del mes se han registrado ocho homicidios en la capital, la cifra lejos de representar un motivo de tranquilidad vuelve a exhibir una realidad persistente: la violencia continúa instalada en la ciudad y los resultados presumidos por las autoridades siguen contrastando con la percepción ciudadana y los hechos cotidianos.
Durante la Mesa Regional de Seguridad, el jefe policiaco sostuvo que existe una disminución en comparación con periodos anteriores y atribuyó el comportamiento de los indicadores a la coordinación entre corporaciones municipales, estatales y federales. Sin embargo, el dato de ocho asesinatos en apenas dos semanas abre nuevamente el debate sobre si realmente hay una estrategia efectiva o si simplemente se administran las cifras para construir una narrativa optimista.
La autoridad insiste en destacar reducciones porcentuales frente al año pasado, pero especialistas y ciudadanos suelen advertir que comparar meses violentos contra otros aún más violentos no necesariamente significa una mejora sustancial. En una ciudad donde sectores del sur, suroriente y zonas periféricas siguen siendo focos recurrentes de homicidios, el problema parece más de contención que de solución. Mientras la estadística presume bajas, las ejecuciones continúan apareciendo en calles, viviendas y espacios públicos.
Incluso el propio Salas ha reconocido en ocasiones anteriores que no se puede “cantar victoria” frente a los homicidios y que es necesario reforzar vigilancia en distritos considerados prioritarios, particularmente en el sur de la ciudad. Esa declaración deja entrever que las corporaciones saben dónde están los puntos críticos, pero también evidencia que los operativos implementados no han logrado erradicar el fenómeno criminal.
La crítica recurrente hacia la autoridad municipal no sólo gira alrededor de los números, sino del mensaje institucional. Mientras se presume coordinación y detenciones, familias siguen enfrentando pérdidas por hechos violentos y colonias enteras viven con una percepción de inseguridad constante. La pregunta que persiste es si la estrategia de seguridad está enfocada en prevenir homicidios o únicamente en reaccionar después de que ocurren.
Además, aunque abril cerró con menos homicidios comparado con 2025, el acumulado anual en la capital muestra una presión importante en materia de violencia, reflejando que el problema está lejos de resolverse. El reto para el Ayuntamiento y la Dirección de Seguridad Pública Municipal no es únicamente presentar comparativos favorables, sino demostrar que la disminución se traduce en calles más seguras y menos familias afectadas por la violencia.