El fin de una misión de doce años
El Ejército de Estados Unidos ha anunciado la conclusión definitiva de su retirada de Irak, poniendo fin a una intervención prolongada que comenzó hace más de dos décadas. Las últimas unidades militares abandonaron una base aérea situada en el norte del país, sellando un pacto alcanzado previamente entre Washington y Bagdad para cerrar este capítulo operativo.
Esta salida militar se enmarca en un escenario regional marcado por las tensiones y el conflicto en Irán, donde diversas milicias aliadas a Teherán han incrementado sus acciones contra objetivos estadounidenses, provocando a su vez respuestas bélicas de Washington contra sus bastiones en territorio iraquí.
Reacciones encontradas y seguridad regional
Mientras las autoridades de Bagdad interpretan la salida extranjera como un triunfo de su soberanía nacional, sectores políticos y regionales muestran profunda incertidumbre. En la zona kurda, las autoridades locales advierten sobre los riesgos de seguridad derivados de la falta de defensas aéreas adecuadas ante recientes ataques.
El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, ha afirmado en un comunicado que las tropas y el equipamiento estadounidense habían completado una “salida ordenada” de la base aérea de Irbil, en la región kurda semiautónoma del norte de Irak.
“Este hito refleja el éxito de una campaña de 12 años que derrotó al ISIS como amenaza militar organizada en Irak y en toda la región”, ha afirmado: “También marca la transición de una misión de coalición en tiempos de guerra a un esfuerzo de seguridad liderado por Irak y respaldado por una relación bilateral de seguridad más normal”.
Parnell ha añadido que el ejército estadounidense “seguirá proporcionando formación específica y apoyo en materia de inteligencia a nuestros socios iraquíes”.
Por su parte, el primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, ha presidido la ceremonia de traspaso y ha descrito la retirada estadounidense como el comienzo de una “nueva fase, definida por la soberanía de Irak, la solidez de sus instituciones, la preparación de sus fuerzas, la unidad en la toma de decisiones y las alianzas equilibradas con sus amigos”.
Ali al-Zaidi ha afirmado que las fuerzas de seguridad iraquíes continuarán la lucha contra el Estado Islámico y que el Gobierno se asegurará de que los grupos no estatales ya no posean armas.
Antecedentes históricos y el dilema de las milicias
La presencia militar estadounidense en Irak se remonta a la invasión de 2003, justificada entonces bajo el argumento de la existencia de armas de destrucción masiva. Tras una primera retirada en 2011, los contingentes regresaron tres años después para encabezar una coalición internacional contra el avance del grupo yihadista Estado Islámico.
A pesar de la salida de las bases principales acordada en 2024, el futuro del desarme de las milicias internas sigue siendo un desafío complejo para el Ejecutivo central. Algunos grupos armados han condicionado su entrega de armas o han rechazado frontalmente las directrices gubernamentales, generando tensiones políticas internas de pronóstico reservado.
“La expulsión de las fuerzas de ocupación, derrotadas, del territorio iraquí es el comienzo de la plena soberanía”, ha declarado Abu Mujahid al-Assaf, un responsable de seguridad de la poderosa milicia Kataib Hezbolá, en un comunicado, quien ha añadido una advertencia dirigida a al-Zaidi y a su Gobierno para que no lleven a cabo los planes estadounidenses, amenazando con que “cualquier Gobierno que no trabaje en beneficio del pueblo será derrocado por todos los medios”.
