El ataque de la cena de corresponsales pone en la diana las políticas de seguridad de la Casa Blanca

La cena de corresponsales no recibió la clasificación de máxima seguridad que habría permitido movilizar todos los recursos federales disponibles, a pesar de la presencia de decenas de altos cargos, incluido la mayoría del Gabinete de Trump
La Casa Blanca responsabiliza a los medios y a la izquierda del intento de atentado contra Trump en la cena de corresponsales
La Casa Blanca insiste en que la seguridad no falló el sábado pasado. Pero nada más ocurrir el ataque en el hotel de la cena de corresponsales, en la que estaba presente el presidente de EEUU, el propio Donald Trump publicó en sus redes sociales que el incidente demostraba la necesidad del salón de gala que está construyendo en la Casa Blanca sin supervisión alguna.
“Este suceso nunca habría ocurrido si se hubiera contado con el salón de máxima seguridad militar que se está construyendo actualmente en la Casa Blanca”, dijo el presidente de EEUU después del ataque frustrado de Cole Thomas Allen en la cena de corresponsales de la Casa Blanca, este sábado por la noche en el hotel Washington Hilton.
Este lunes, tanto el fiscal general interino, Todd Blanche, como el director del FBI, Kash Patel, han defendido el despliegue de seguridad. Sin embargo, la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, va a convocar esta semana una reunión para revisar las medidas de protección del presidente de EEUU, según informó la Casa Blanca.
La fuente afirma que Trump y su equipo consideraban que el Servicio Secreto había realizado un trabajo excelente, pero que Wiles celebraría una reunión en la que también participaría el Departamento de Seguridad Nacional para estudiar opciones de seguridad adicionales para los grandes actos previstos en los próximos meses, como la celebración del 250º aniversario de la independencia estadounidense.
Cuando tantos altos cargos se reúnen en un mismo lugar para actos oficiales, como una toma de posesión o el discurso sobre el estado de la Unión, el secretario de Seguridad Nacional suele encargar al Servicio Secreto la coordinación de toda la seguridad mediante una designación formal conocida como “Evento Nacional de Seguridad Especial”.
Sin embargo, no hubo tal designación el sábado por la noche en un acto al que también asistieron miles de periodistas y otros miembros del Gobierno, según publica The Washington Post.
El acusado, Cole Tomas Allen, de 31 años, escribió una declaración en la que afirmaba que quería atacar a miembros de la Administración Trump y se burlaba de lo que calificaba de laxitud en la seguridad del hotel. Según el texto, agentes iraníes podrían haber introducido fácilmente armas más peligrosas en el recinto.
“Lo primero que noté al entrar en el hotel fue la sensación de arrogancia, entré con varias armas y ni una sola persona allí considera la posibilidad de que pueda ser una amenaza”, escribió: “La seguridad del evento está toda fuera, centrada en los manifestantes y en los que llegan en ese momento, porque al parecer nadie pensó en lo que pasaría si alguien se registrara el día anterior. Este nivel de incompetencia es una locura, y espero sinceramente que se corrija para cuando este país vuelva a tener un liderazgo realmente competente. Es como si, si fuera un agente iraní, en lugar de un ciudadano estadounidense, hubiera podido traer aquí una maldita Ma Deuce [ametralladora] y nadie se hubiera dado cuenta de nada. Es realmente una locura”.
Según Blanche, “las fuerzas de seguridad no fallaron. Hicieron exactamente lo que se les había enseñado. No fue un accidente. Fue el resultado, como ahora sabemos, de una preparación minuciosa, pero los hombres y mujeres que nos protegieron aquella noche eran profesionales bien formados y tenían un compromiso inquebrantable con el Estado de derecho”.
Lo que sí que es cierto es que está habiendo mucho debate en los medios estadounidenses sobre la capacidad de Allen para llegar por unas escaleras hasta el lugar donde se encontraban reunidas miles de personas, entre ellas el presidente, el vicepresidente y otros miembros del gabinete.
Y lo que argumenta el fiscal general es que había cientos de agentes federales entre el sospechoso y el presidente, y que fue detenido en un piso diferente al del salón en el que se celebraba la cena, que estaba en un piso más bajo: el sospechoso corre a toda velocidad para saltarse el control de seguridad, y entonces los agentes oyen un disparo, que impacta en un agente con chaleco antibalas, y es ese mismo agente quien saca su arma de servicio y dispara contra el sospechoso. El sospechoso no fue alcanzado, pero parece que en ese momento fue cuando cayó al suelo y fue arrestado.