Una gestión calculada de la crisis diplomática
A una semana de la controversia generada por la revocación del visado estadounidense a Andrés Manuel López Beltrán, la administración federal ha desplegado una estrategia de contención donde la presidenta Claudia Sheinbaum ha optado por delegar el respaldo político partidista en correligionarios, mientras ella asume directamente el control de la agenda diplomática con Washington.
Mientras diversos gobernadores emanados de Morena y figuras clave como la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, salieron públicamente a arropar al hijo del expresidente con comunicados de apoyo institucional, la mandataria federal concentró sus esfuerzos en proteger los pilares estratégicos de la relación bilateral, salvaguardando áreas tan sensibles como la seguridad nacional, el flujo de remesas y la estabilidad económica del país.
Cronología de la postura oficial
Desde el inicio de la controversia, la titular del Ejecutivo federal fijó una línea argumentativa clara, combinando la defensa de la soberanía nacional con un distanciamiento operativo respecto al asunto migratorio personal del exdirigente partidista.
Al día siguiente de darse a conocer la medida norteamericana, el viernes 14, la mandataria expresó: “Mi opinión es que esta cancelación de visas que han hecho —ellos le llaman ‘a personas políticamente expuestas’— tiene un sentido político, esencialmente, porque no es parejo a todos los países si su sentido fuera relacionado con delincuencia o con alguna prueba de algún tema relacionado con la entrada de un ciudadano a Estados Unidos. Esa es mi opinión. Podemos hacer una revisión de qué ocurre en otros países de América Latina y qué ocurre en nuestro país, y esto es un sentido de injerencia en la política mexicana —esa es mi opinión— porque no veo yo otra razón”.
Posteriormente, el sábado 15, subrayó la importancia de la identidad nacional al señalar: “Se necesita también convicción en el país, en la soberanía, en reconocer la historia de México, en reconocer la lucha del pueblo de México. En saber que una visa no define a una persona”.
Para el martes 18, la postura gubernamental se tornó aún más tajante al desvancar el tema del plano diplomático formal: “la visa no define a un mexicano o a una mexicana. Si Estados Unidos decide quitar una visa, es una decisión de Estados Unidos. Si hay un delito que perseguir, hay los mecanismos para que nos den la información o los mecanismos de juicios en particular. Pero la visa es una relación del gobierno de Estados Unidos con una persona. No tenemos por qué sentarnos a ver a quién le van a quitar la visa y por qué”. Finalmente, tras dar por concluido el debate mediático a mitad de semana con un contundente “Ya hablé mucho de eso”, el gobierno dio vuelta a la página.
Cooperación bilateral intacta
En paralelo al ruido político generado en el ámbito interno, la relación operativa en materia de seguridad entre México y Estados Unidos continuó su curso habitual sin fracturas aparentes. Durante una cumbre internacional celebrada en Argentina y encabezada por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, obtuvo un reconocimiento destacado tanto a nivel personal como institucional por parte de las autoridades norteamericanas.
Asimismo, los mecanismos de procuración de justicia conjunta no se detuvieron, evidenciándose con la captura en Jalisco de un ciudadano estadounidense requerido por la justicia de su país, así como mediante operativos tácticos de gran envergadura ejecutados en Michoacán en contra del Cártel Jalisco Nueva Generación, acciones que dependen directamente del intercambio de inteligencia bilateral.
De este modo, Sheinbaum limitó la condena al retiro del documento migratorio al terreno estrictamente discursivo de sus conferencias matutinas, al recalcar que “Ellos están manejando la revocación de las visas como un asunto político (…) Hace unos meses lo dijo el propio Departamento de Estado, y es evidente, es casi obvia resolución”.
Con este balance, la dirigencia morenista añade un nuevo episodio de confrontación a su narrativa de agravios externos, pero la estructura del Estado mexicano logra blindar la relación bilateral con su principal socio comercial, evitando que un diferendo de índole personal escale hasta comprometer la estabilidad macroeconómica y geopolítica de la nación.
