Alertan autoridades del estado de méxico sobre los peligros ocultos de la ortorexia y la vigorexia en la juventud
Adoptar un estilo de vida saludable o practicar actividad física de manera regular son prácticas sumamente recomendables para el bienestar general; sin embargo, cuando estas rutinas se transforman en una fijación extrema, pueden poner en riesgo tanto la estabilidad mental como la integridad corporal. Ante este panorama, el Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMYM) ha emitido una advertencia formal dirigida a la población, particularmente a los sectores más jóvenes, sobre el impacto negativo que generan los padecimientos asociados al control obsesivo de los alimentos y la percepción distorsionada de la anatomía.
De acuerdo con los análisis emitidos por personal médico y de salud mental de dicha institución, la sobreexposición digital a estereotipos corporales inalcanzables y a regímenes alimentarios sumamente restrictivos fomenta conductas perjudiciales. Por este motivo, resulta fundamental conocer a fondo en qué consisten estos desórdenes, cuáles son los indicios que deben encender las alarmas y las alternativas disponibles para recibir asistencia especializada dentro de la demarcación territorial.
Comprender la ortorexia y sus principales indicios de riesgo
La ortorexia se caracteriza por una preocupación obsesiva centrada estrictamente en ingerir exclusivamente comestibles catalogados como puros o benéficos para el organismo, prescindiendo en la mayoría de los casos de una supervisión médica o nutricional adecuada. Si bien priorizar una nutrición equilibrada es un hábito positivo, el conflicto surge cuando los reglamentos autoimpuestos sobre qué llevar al plato se tornan tan rígidos que deterioran de manera significativa las actividades cotidianas, el círculo social y la tranquilidad psicológica.
Entre los indicadores principales detectados por los expertos institucionales destacan:
- Suprimir por completo grupos alimenticios enteros mediante restricciones desmedidas.
- Experimentar profundos sentimientos de culpa o ansiedad al ingerir productos que no se apegan a los cánones dictados por la propia persona.
- Rechazar invitaciones a reuniones sociales, comidas familiares o eventos públicos por el miedo constante a contaminar la dieta con elementos considerados inadecuados.
- Mantener un monitoreo permanente y agobiante sobre la procedencia y composición nutricional de cada ingrediente.
Al respecto, la especialista Ana Isabel Mercado Bernal, psicóloga adscrita a la Clínica de Consulta Externa Lázaro Cárdenas del ISSEMYM, explicó que estas conductas pueden afectar tanto la alimentación como la convivencia social.
Vigorexia: cuando la búsqueda de musculatura se convierte en obsesión
Por otro lado, la vigorexia está relacionada con una percepción distorsionada del propio cuerpo y una obsesión desmedida por incrementar de forma acelerada la masa muscular. Lejos de representar el simple disfrute por el deporte o el deseo legítimo de optimizar la condición física, este trastorno se manifiesta cuando el rechazo hacia la propia imagen y la necesidad imperiosa de volverse más corpulento dominan por completo la rutina diaria del individuo.
Las señales de alerta identificadas por el personal sanitario incluyen:
- Una insatisfacción permanente respecto a la apariencia corporal, centrada principalmente en el volumen de los músculos.
- Práctica de ejercicio físico de carácter compulsivo impulsada por el afán de hypertrofiar el cuerpo.
- Consumo indiscriminado y sin aval médico de suplementos proteicos o sustancias destinadas al rendimiento físico.
Estas prácticas ponen en peligro la estabilidad orgánica y psicológica de quien las padece, haciendo indispensable una intervención multidisciplinaria.
La influencia negativa de los entornos digitales
Las plataformas virtuales y las redes sociales difunden de manera masiva contenidos donde abundan los entrenamientos de alta exigencia, consejos dietéticos y fotografías de anatomías que encajan en moldes estéticos muy específicos. Según los reportes del ISSEMYM, la visualización constante de estos materiales estimula fixaciones dañinas en torno a la comida y al físico, incidiendo principalmente en adolescentes y adultos jóvenes.
No obstante, la utilización de estas tecnologías no genera por sí sola un trastorno mental, pero los modelos idealizados actúan como catalizadores en la forma en que sectores vulnerables evalúan sus propios hábitos y su figura. Asimismo, los profesionales de la salud advierten que la ortorexia y la vigorexia pueden coexistir con ansiedad, depresión, pensamientos obsesivos o conductas compulsivas. Por ello, la detección temprana es la herramienta más eficaz para evitar complicaciones graves a largo plazo.
¿Dónde solicitar apoyo institucional en territorio mexiquense?
Ante la detección de cualquier indicador de alerta tanto en uno mismo como en algún familiar, resulta indispensable acudir con especialistas de la salud antes de intentar corregir el problema mediante decisiones unilaterales de dieta o entrenamiento.
El ISSEMYM reiteró que las personas derechohabientes tienen la posibilidad de presentarse en su unidad médica correspondiente para solicitar una valoración inicial y recibir orientación especializada. Los protocolos de sanidad establecen que los tratamientos pueden requerir la intervención coordinada de diversas disciplinas:
- Psicología
- Medicina general o especializada
- Psiquiatría
- Nutrición clínica
De igual forma, los programas de recuperación contemplan frecuentemente el soporte y la educación al núcleo familiar para asegurar una rehabilitación integral y duradera.
¿Cómo localizar las clínicas y programar consultas médicas?
Quienes cuenten con la derechohabiencia del ISSEMYM y requieran información sobre la ubicación exacta de sus centros de salud o deseen gestionar una cita médica, pueden consultar el portal institucional habilitado en el enlace https://www.issemym.gob.mx/.
