El auge de la hiperpolítica europea
En las últimas décadas, el escenario público ha experimentado una transformación profunda. Frente al consenso tecnocrático y la apatía de los años 90, la actualidad se caracteriza por un incremento notable de la participación, las protestas y las tensiones partidistas. Sin embargo, este fenómeno carece de una base sólida que lo sustente. Los expertos señalan que nos encontramos ante una era de hiperpolítica, una dinámica donde la agitación constante en redes sociales no logra traducirse en transformaciones estructurales duraderas.
El analista Anton Jäger, doctor por Cambridge e investigador en la Universidad de Oxford, profundiza en esta realidad en su obra más reciente. A su juicio, el error común radica en comparar el descontento contemporáneo con los movimientos de masas del siglo XX. Mientras que aquellos contaban con estructuras densas como sindicatos y partidos consolidados, la actividad actual carece de un cuerpo institucional capaz de perdurar más allá de los ciclos mediáticos.
La asimetría en el espectro político
Uno de los aspectos más llamativos de esta etapa es la capacidad de la extrema derecha para capitalizar el malestar ciudadano con mayor eficacia que las formaciones progresistas. Para Jäger, la ventaja de la derecha es estructural, no accidental. Las agrupaciones conservadoras exigen un umbral de éxito mucho más modesto a sus bases y, al defender el statu quo, sus promesas resultan menos disruptivas para el sistema económico vigente.
Es evidente que buena parte de la energía política liberada en los últimos diez o 15 años se ha traducido en éxito con mayor facilidad en la extrema derecha que en la izquierda
Además, el acceso a recursos financieros privados otorga a los sectores conservadores una capacidad de movilización muy superior. Mientras que la izquierda depende de donaciones modestas y fragmentadas, el bloque de derechas integra con mayor naturalidad los debates sobre la crisis del liberalismo sin la resistencia ideológica que frena a los partidos progresistas.
Desafíos para la izquierda y nuevas estrategias
Los intentos de construir alternativas desde el populismo de izquierda durante la última década se enfrentaron a severas contradicciones institucionales y presiones externas. No obstante, experiencias recientes demuestran que existen márgenes de maniobra para los gobiernos que combinan la transición ecológica con una mayor autonomía geopolítica. El papel de figuras como Pedro Sánchez en España ilustra cómo una potencia media puede aprovechar las grietas internacionales para impulsar reformas significativas.
El verdadero reto para el futuro consiste en alcanzar una nueva reinstitucionalización. Esto implica desarrollar organizaciones híbridas que no busquen replicar el pasado, sino combinar la agilidad digital con la paciencia de las luchas de trinchera a largo plazo.
La pregunta no es si la repolitización es buena o mala, sino cómo puede traducirse en algo institucionalmente más duradero, siendo conscientes de que no será posible recrear las instituciones de masas del siglo XX
