Una nueva escalada bélica sacude la región
La violencia ha vuelto a escalar con fuerza en territorio yemení tras una ofensiva relámpago lanzada por los insurgentes hutíes. Esta rápida progresión militar amenaza directamente una de las vías de navegación más importantes para el suministro internacional, en un escenario marcado por profundas tensiones geopolíticas en Oriente Medio.
Los enfrentamientos más intensos de los últimos años han dejado ya más de 1.000 personas muertas o heridas y han provocado el desplazamiento forzoso de decenas de miles de civiles. Aunque la chispa inmediata se vincula al pulso entre Estados Unidos e Irán, el trasfondo responde a años de fractura interna en el país árabe.
Radiografía del conflicto y actores en pugna
El mapa político y militar de Yemen se encuentra severamente fragmentado desde 2014. Por un lado, el Gobierno reconocido internacionalmente controla el noreste y cuenta con el respaldo decisivo de una coalición militar liderada por Arabia Saudí, la cual interviene de manera directa mediante ataques aéreos.
En la otra orilla se encuentran los hutíes, un movimiento de inspiración chií alineado con Teherán que domina el occidente del país y la capital, Saná. Pese a compartir afinidades ideológicas con Irán y recibir apoyo armamentístico, la milicia reivindica su autonomía operativa dentro del autodenominado eje de la resistencia regional.
Ofensiva insurgente y control del estrecho
Durante la última semana, los combatientes hutíes ejecutaron una operación coordinada para dominar sectores estratégicos de la costa occidental. Con este movimiento lograron asegurar posiciones dominantes sobre el estrecho de Bab al-Mandab, un paso obligado que separa África de la península arábiga.
Como respuesta, las fuerzas gubernamentales anunciaron una campaña para intentar arrebatar la capital a los insurgentes. Sin embargo, la situación se agravó cuando los hutíes dispararon misiles contra territorio saudí, dejando 73 heridos y graves daños en infraestructuras petroleras, lo que desató una masiva respuesta de bombardeos por parte de Riad.
La vulnerabilidad del comercio internacional
La relevancia geopolítica de Bab al-Mandab radica en que por este canal marítimo transita aproximadamente el 10% del comercio mundial. Su valor estratégico se disparó exponencialmente a raíz de los cierres previos en el estrecho de Ormuz, convirtiendo al mar Rojo en la arteria principal para las exportaciones de crudo saudí.
En este contexto de máxima tensión, el Ministerio de Energía saudí informó del cierre preventivo del oleoducto Este-Oeste, una infraestructura capaz de transportar siete millones de barriles diarios, tras sufrir varios atentados durante la jornada.
Impacto humanitario devastador
Más allá de las repercusiones económicas globales, la crisis continúa cobrándose un elevado coste humano. Desde el inicio de las hostilidades en 2014, se estiman más de 150.000 fallecidos a causa directa de las hostilidades, a los que se suman cientos de miles de decesos por hambre y enfermedades derivadas del colapso nacional.
Organismos internacionales alertan de que cerca de 4,5 millones de personas permanecen desplazadas, mientras que más de 18,2 millones de ciudadanos dependen de asistencia urgente para sobrevivir en medio de este escenario de destrucción prolongada.
