Un antiguo reloj anuncia las dos de la tarde en la barra del Mancera: hora de abrir una de las cantinas más distinguidas del centro histórico. Entrar aquí es transportarse a los primeros años del siglo XX. La decoración y el mobiliario se mantienen casi intactos desde su inauguración en 1912. La atmósfera bohemia está garantizada bajo sus techos altos con decorados barrocos, candelabros de luz cálida y vitrales de colores, en armonía con los boleros que toca el músico en un piano de cola.
Los martes y miércoles prepara las bebidas Esperanza Landeros, mejor conocida como doña Pera, una señora bajita y sonriente que es casi una leyenda: la primera mujer que estuvo a cargo de una barra en la Ciudad de México, incluso antes de que la clientela se volviera mixta.
“Empecé lavando los trastes; pero casi todos los días, después de dejar limpia mi cocina, salía a la barra a ver cómo se servía”, cuenta Pera, de 81 años de edad, quien acabó aprendiendo todo y lleva más de cuatro décadas de práctica. Al principio algunos clientes le hacían saber que no se sentían cómodos con su presencia: “Pero nunca tuve miedo de que los señores no me quisieran, dije ‘yo me quedo’”.

Y se quedó preparando tragos clásicos, que es lo que se servía al inicio: una cuba, una paloma, un whisky en las rocas. Ahora también sirve cocteles modernos. El bautizado con su nombre es el Bull Doña Perita: ron mezclado con jarabe, jugo de limón y cerveza oscura. Otros tragos tienen nombres de canciones cantineras, como “Grabé en la penca de un maguey tu nombre”, con jarabe de sauco, sábila, jugo de limón y agua mineral (sin alcohol); o “Yo no nací para amar”, con licor de chile, mezcal, maracuyá, claras de huevo y limón.
El menú de alimentos ha evolucionado, combinando tradición y sabor. Antes, cuando Pera entró y el dueño era español, se preparaban platos como solomillo en varias presentaciones y pulpo a la gallega. Hoy los estelares son el chamorro cocinado al horno y las albóndigas al chipotle servidas con arroz. Aún tienen como entrante la quesadilla con epazote, que en una época se ofrecía sin costo para evitar una borrachera generalizada en la distinguida tertulia.

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