De la erradicación global a la justicia social
A lo largo de la historia, las grandes soluciones globales han demostrado que la cooperación puede superar cualquier barrera. Durante al menos tres mil años, la viruela azotó a la humanidad y cobró cerca de 300 millones de vidas solo en el siglo XX. Su erradicación oficial, declarada por la Organización Mundial de la Salud en 1980, fue posible gracias a una década de esfuerzo coordinado internacionalmente que requirió 500 millones de vacunaciones y una inversión de 300 millones de dólares. Este logro histórico demostró que incluso en plena Guerra Férrea, potencias enemigas como Estados Unidos y la Unión Soviética podían aliarse por un fin común, generando desde entonces un ahorro superior a los mil millones de dólares anuales.
Innovar en materia sanitaria implica también asegurar que los descubrimientos lleguen a quienes más los necesitan. Un hito similar ocurrió en 1955 con la autorización de la vacuna contra la poliomielitis desarrollada por Jonas Salk. Al ser cuestionado sobre quién era el dueño de la patente tras frenar una epidemia que solo en Estados Unidos había dejado 58 mil casos unos años antes, Salk respondió con una frase célebre: “La gente”.
Mirar más allá de la enfermedad y rediseñar los servicios
En el ámbito latinoamericano, la visión sobre el bienestar también ha evolucionado profundamente. Antes de asumir la presidencia de Chile, Salvador Allende ejerció como médico y ministro de Salud, publicando en 1939 La realidad médico-social chilena. En dicha obra estableció que las afecciones no pueden comprenderse sin analizar la alimentación, la vivienda, los ingresos y las condiciones laborales. Años más tarde, ese pensamiento impulsó la creación de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social en 1942, consolidando el principio de que las naciones pueden aprender mutuamente de sus aciertos.
No obstante, transformar la realidad no siempre requiere descubrimientos científicos complejos; a menudo basta con cuestionar procesos arraigados que consumen tiempo y recursos. En México, la digitalización de trámites implementada por el IMSS permitió superar los 149 millones de atenciones no presenciales hacia 2017, generando ahorros estimados en 7 mil millones de pesos. Entre estas mejoras destacó la eliminación de la comprobación presencial de supervivencia, liberando a millones de jubilados y pensionados de trasladarse periódicamente solo para demostrar que seguían con vida.
El impulso a las buenas prácticas en el continente
Este tipo de innovaciones silenciosas —un formulario que desaparece, la sincronización de bases de datos o una estrategia para llegar a zonas marginadas— suelen pasar desapercibidas, pero generan un impacto directo en la calidad de vida de las personas al simplificar trámites y acercar servicios esenciales.
Con el objetivo de evitar que estas soluciones queden aisladas, la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (CISS) ha puesto en marcha el Premio NOVA a las Buenas Prácticas e Innovación en Seguridad Social. Esta iniciativa busca reconocer y replicar aquellas experiencias exitosas en el continente americano que han ampliado coberturas, optimizado la prevención de riesgos laborales o simplificado la atención ciudadana.
La convocatoria para la primera edición de este galardón ya se encuentra abierta. Las instituciones y equipos de trabajo interesados en postular sus proyectos pueden consultar todos los detalles y bases a través del sitio web oficial de la CISS, fomentando así que una solución local se convierta en una respuesta regional.
