El comportamiento en forma de letra uve del gasto federal
Durante el último tramo de 2026, el desempeño financiero del país dependerá en gran medida de un factor determinante: la ejecución del presupuesto destinado a la formación de capital y obras públicas. Los datos divulgados recientemente por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en los Informes de Finanzas Públicas al tercer trimestre permiten analizar con detalle los retos y las oportunidades de esta estrategia económica.
El comportamiento anual ha dibujado una figura en forma de “V” muy pronunciada. Durante los primeros tres meses, la asignación de recursos a proyectos productivos experimentó una contracción real anual de 15.6 por ciento, destacando caídas drásticas del 51 por ciento en la división directa de Petróleos Mexicanos y del 37.4 por ciento por parte del gobierno federal, lo cual evidenció un retraso inicial en la puesta en marcha de las partidas presupuestales.
Sin embargo, la tendencia se modificó de manera sustancial en los meses posteriores. Mientras que en marzo la variación negativa acumulada se situaba en -15.9 por ciento real, para junio la contracción se redujo a -7.9 por ciento, logrando revertir los números rojos al cierre de septiembre con un incremento anual acumulado del 8.0 por ciento real.
Avance presupuestal y contrastes en la ejecución sectorial
Esta recuperación implica que, únicamente durante el tercer trimestre, la inversión física registró un crecimiento cercano al 45 por ciento real anual. No obstante, al contrastar lo ejercido frente al calendario oficial, se observa una diferencia importante: entre enero y septiembre se desembolsaron 638 mil millones de pesos, cifra que quedó 136 mil millones de pesos por debajo de lo programado, lo que representa una brecha del 17.6 por ciento.
Al examinar el desglose de los recursos, la ejecución directa a cargo de las dependencias e instituciones del Estado se mantiene un 3.2 por ciento por debajo del ejercicio anterior en términos reales. El dinamismo actual proviene fundamentalmente de la vertiente indirecta, la cual comprende subsidios, transferencias y participaciones dirigidas a los gobiernos locales, con un repunte del 20.9 por ciento, así como de las partidas destinadas a la infraestructura hospitalaria del IMSS y del ISSSTE, cuyos crecimientos alcanzaron el 188.8 por ciento y el 422.2 por ciento, respectivamente.
El reto mayúsculo del último trimestre
Todo indica que el periodo de octubre a diciembre concentrará el mayor volumen de erogaciones del año. La cartera de proyectos autorizados cuenta con una asignación modificada de 657 mil millones de pesos para todo el ejercicio, de los cuales se habían canalizado 304 mil millones de pesos hasta el corte de septiembre. Para cumplir con la meta anual, será necesario liberar más de 350 mil millones de pesos en el cuarto trimestre, un monto superior a todo lo ejercido durante los primeros nueve meses combinados.
Dentro de los principales ejecutores, Pemex encabeza los desembolsos con 183 mil millones de pesos, alcanzando un avance del 62 por ciento. En contraste, rubros como los trenes de pasajeros reportan un progreso general del 26 por ciento —donde el Tren Maya concentra el 63 por ciento de su asignación mientras las nuevas rutas comienzan a operar—, mientras que la Comisión Federal de Electricidad registra un avance del 31 por ciento.
A pesar de estos rezagos, la autoridad hacendaria confía en concretar la meta. Las proyecciones oficiales señalan que el gasto programable concluirá apenas 10 mil millones de pesos por debajo de lo autorizado, lo que supone que el remanente acumulado se aplicará casi en su totalidad en la recta final del año.
Impacto macroeconómico y variables de riesgo
De cumplirse estas previsiones, el impacto sobre la actividad económica será notable. Una inyección de esta magnitud en trabajos de obra civil, modernización hospitalaria y desarrollo comunitario —donde el sector de vivienda y servicios absorbe el 36.6 por ciento de la inversión física— proveerá un soporte fundamental a la demanda agregada, estimulando sectores como el de la construcción y la generación de empleos regionales.
Este respaldo gubernamental llega en un momento oportuno, dado que el componente de construcción dentro de la formación bruta de capital fijo reportó una disminución mensual del 1.5 por ciento en julio. Respecto a la estabilidad de las finanzas públicas, la administración federal sostiene que este incremento en el ritmo de gasto ya se encuentra contemplado en las proyecciones fiscales.
La estimación oficial apunta a que los Requerimientos Financieros del Sector Público cerrarán en el equivalente al 4.1 por ciento del PIB, acompañados de un superávit primario de 0.1 por ciento y un nivel de endeudamiento ubicado en el 54 por ciento del producto interno bruto. Un factor clave para alcanzar dichos equilibrios será la reducción del costo financiero, el cual se prevé 208 mil millones de pesos por debajo de lo aprobado gracias al comportamiento del tipo de cambio y de las tasas de interés, compensando de esta manera la baja estimada en los ingresos fiscales y petroleros.
