El embrollo de las negociaciones: EEUU e Irán chocan en varios puntos clave mientras empiezan a aplicar el acuerdo

Aunque el memorándum de entendimiento ha rebajado la tensión, no han parado de surgir importantes discrepancias entre Washington y Teherán, principalmente en torno a los incentivos financieros, el futuro de las inspecciones nucleares y el control del estrecho de Ormuz
Trump acusa a Irán de una violación “insensata” de la tregua por el ataque a un buque en el estrecho de Ormuz
Si la diplomacia es un arte complejo, en la guerra de Donald Trump contra Irán es un embrollo. Aunque el memorándum de entendimiento firmado la semana pasada ha rebajado la tensión en Oriente Medio, no han parado de surgir importantes discrepancias entre Washington y Teherán, que durante los últimos días han ofrecido versiones contradictorias sobre algunos aspectos del acuerdo.
Los incentivos financieros para Irán, el futuro de las inspecciones nucleares y el control del estrecho de Ormuz han sido las principales fricciones públicas que han puesto de manifiesto, una vez más, la fragilidad del incipiente pacto. A todo ello se suma la guerra de Israel en Líbano, uno de los grandes escollos que han complicado el proceso diplomático.
Los expertos han advertido de que el memorándum de entendimiento, un marco político en el que ambas partes se dieron un plazo de dos meses para alcanzar un acuerdo definitivo sobre asuntos espinosos como el programa nuclear iraní y el levantamiento de sanciones, es demasiado amplio y está abierto a interpretaciones. Los países mediadores tendrán que poner mucho de su parte para salvar las diferencias significativas que aún persisten entre las partes, que a su vez intentan vender el acuerdo provisional a nivel interno como un éxito diplomático.
“Es posible que la mayor importancia del acuerdo no resida en lo que resuelve, sino en lo que deja sin resolver. El principal reto es si el acuerdo podrá sobrevivir a su puesta en práctica”, argumenta Kristian Alexander, investigador principal del Instituto Rabdan de Seguridad y Defensa de Abu Dabi. “Los mismos factores que han hecho fracasar repetidamente las negociaciones —como la profunda desconfianza mutua, las interpretaciones contradictorias de las obligaciones, las presiones políticas internas, las disputas sobre el levantamiento de las sanciones, las cuestiones nucleares sin resolver, la inestabilidad persistente en Líbano y el desacuerdo sobre el futuro del estrecho de Ormuz— siguen firmemente presentes”.
El experto recuerda lo que parece una obviedad: una cosa es firmar un acuerdo y otra mantenerlo. “El memorándum de entendimiento se asienta sobre una base frágil de desconfianza estratégica, en la que ambas partes se muestran profundamente escépticas respecto a las intenciones de la otra. Ni Washington ni Teherán confían plenamente en que la otra parte aplique el acuerdo tal y como está redactado”, explica. Este “déficit de confianza”, indica Alexander, se vuelve especialmente peligroso cuando los acuerdos “contienen ambigüedades”. “Muchas de las cuestiones se aplazaron para futuras conversaciones técnicas, comités de aplicación y negociaciones posteriores. Es posible que dicha ambigüedad fuera necesaria para lograr un avance decisivo, pero también da pie a futuras disputas sobre la interpretación y el cumplimiento”.
A su juicio, la primera ronda de conversaciones que concluyó el lunes en Suiza –tras un nuevo fin de semana vertiginoso que parecía poner en peligro el acuerdo entre amenazas de Trump y declaraciones de Teherán sobre el cierre del estrecho de Ormuz– puso de manifiesto precisamente este problema. “Aunque se ha firmado el memorando de entendimiento, ambas partes siguen inmersas en intensas discusiones sobre su aplicación. Las cuestiones relativas al levantamiento de las sanciones, los activos congelados, Líbano, el acceso marítimo y el programa nuclear siguen siendo objeto de negociación. En efecto, las partes han pasado de negociar un acuerdo a negociar lo que dicho acuerdo implica realmente”, señala Alexander.
Según informaron los mediadores de Qatar y Pakistán, durante las conversaciones en el complejo turístico de Burgenstock, las dos partes acordaron una hoja de ruta hacia un acuerdo permanente en un plazo de 60 días y sentaron las bases para el inicio de conversaciones técnicas. También pactaron un mecanismo (llamado “célula de distensión”) para poner fin a los combates en Líbano y abrieron un canal de comunicación para garantizar el paso seguro de los buques comerciales a través del estratégico estrecho de Ormuz y “evitar incidentes y malentendidos”.
En la primera de varias medidas de alivio económico para Irán que estaban previstas en el memorándum, el Tesoro estadounidense anunció el lunes una exención de las sanciones hasta el 21 de agosto, lo que permite al país persa vender petróleo y productos relacionados y recibir el pago correspondiente. Para Trita Parsi, vicepresidente del Quincy Institute y experto en Irán, esta es una “clara señal de que las cosas avanzan”. “Es esencial separar el ruido de las señales reales. Y eso significa centrarse en los avances significativos —aunque quizá menos llamativos—. Este es uno de ellos”, dijo en X Parsi, que avanza que los próximos dos meses serán “un camino muy accidentado”, lo que “forma parte de las negociaciones”.
Los inspectores nucleares internacionales
En paralelo a estos primeros movimientos, también han emergido versiones diferentes de lo acordado. El vicepresidente JD Vance aseguró que Teherán había accedido a permitir la entrada de inspectores de la agencia de control nuclear de la ONU. “Los iraníes han accedido a invitar de nuevo a los inspectores del OIEA a su país. Este es un hito importante para el pueblo estadounidense y el primer paso hacia la desnuclearización permanente, es decir, el fin definitivo del programa de armas nucleares en Irán”, dijo Vance aunque no explicó para qué irán los equipos internacionales exactamente ni qué plantas podrán visitar, en particular si se les dará acceso a las que constituyen el núcleo del programa nuclear iraní.
Poco después, Irán pareció contradecir a Vance y afirmó que no planea que el OIEA “realice inspecciones a las instalaciones nucleares iraníes dañadas” en la guerra. Trump intervino en redes sociales asegurando que, pese a sus “declaraciones falsas”, el país persa “ha aceptado plena y completamente que se lleven a cabo inspecciones nucleares al más alto nivel durante mucho tiempo en el futuro (¡¡¡hasta el infinito!!!)”. El presidente de EEUU también ha dicho estar “100 %” seguro de que las inspecciones se llevarán a cabo y ha insistido en que las actuales negociaciones se romperán de inmediato si Irán rechazara esa supervisión, alegando que Teherán “se equivoca” por negar públicamente que haya aceptado la presencia de inspectores.
Pero no está claro que Irán haya aceptado nada. A pesar de las palabras de Trump, el mensaje de Teherán ha seguido siendo que actualmente no prevé permitir inspecciones del OIEA. El viceministro iraní de Exteriores, Kazem Garibabadi, dijo que cualquier discusión sobre las inspecciones y otros asuntos relacionados con el programa nuclear solo se abordarán en el marco de un acuerdo definitivo. Todo ello, también, después de que el propio director general de la agencia de la ONU, Rafael Grossi, entrara en escena y asegurara que las verificaciones “se llevarán a cabo” y “pronto” se trabajará en las modalidades. Este mismo viernes, Grossi ha insistido en que las conversaciones ya han comenzado, pese a la “guerra de declaraciones” a propósito de las visitas.
“Tuvimos un intercambio con la parte iraní a nivel técnico, y la expectativa es que este proceso continuará”, ha dicho Grossi durante una rueda de prensa, al tiempo que ha afirmado que para supervisar el acuerdo el organismo tiene “que llevar a cabo inspecciones, no hay otro modo”. “El trabajo técnico ha comenzado y esperamos estar allí pronto”, ha señalado, y ha atribuido los comunicados de Teherán a razones “políticas”, según la agencia EFE.

El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, durante la rueda de prensa de este viernes.
Irán, que sostiene que su programa nuclear tiene fines pacíficos, no ha permitido que el OIEA regrese a sus instalaciones nucleares más sensibles tras las guerras lanzadas por Israel y EEUU. Esto cerró la ventana de colaboración que Teherán había mantenido tras la salida de Washington, en 2018 –ordenada por Trump–, del acuerdo nuclear de 2015 negociado por Barack Obama.
“Desde la perspectiva de Teherán, la cuestión no es si las inspecciones pueden aceptarse en principio, sino en qué condiciones. Es poco probable que Irán acepte acuerdos de supervisión de gran alcance antes de que se alcance un entendimiento político más amplio”, dice Danny (Dennis) Citrinowicz, investigador sénior del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS), afiliado a la Universidad de Tel Aviv. “En otras palabras, los dirigentes iraníes no ven las concesiones en materia de transparencia y supervisión nuclear como medidas de fomento de la confianza que deban ofrecerse por adelantado, sino como monedas de cambio que deben intercambiarse en la mesa de negociaciones como parte de un acuerdo definitivo”, señala en X.
“Por eso, las expectativas de que Irán acepte primero restricciones exhaustivas y solo después discuta el alivio de las sanciones malinterpretan la forma en que Teherán aborda las negociaciones. Los dirigentes iraníes han buscado medidas simultáneas y recíprocas en las que cada concesión vaya acompañada de un beneficio correspondiente. En consecuencia, es probable que el camino hacia un acuerdo duradero requiera primero un pacto político más amplio, seguido de la implementación de compromisos nucleares detallados y mecanismos de verificación”, argumenta Citrinowicz, que cree que el resultado final más realista sigue siendo un acuerdo integral en virtud del cual EEUU levante las sanciones económicas contra Teherán a cambio de un régimen de inspección “riguroso e intrusivo” sobre las instalaciones nucleares iraníes.
Los activos congelados
Otro punto de desencuentro han sido los activos iraníes congelados en cuentas en el extranjero, que el memorándum promete liberar. Pero tampoco está claro lo que implica el acuerdo, ya que faltan muchos detalles. Según la versión del país persa, se ha decidido que estos recursos se liberarán de forma gradual y a lo largo de las negociaciones, de los cuales 12.000 millones de dólares se liberarán en la primera fase y el resto, en las siguientes fases. Ahora, Washington sostiene que cualquier activo descongelado se utilizará para comprar productos estadounidenses.
Concretamente, Vance afirmó que el enviado de la Casa Blanca, Jared Kushner, yerno de Trump, había ideado un proceso mediante el cual EEUU y Qatar tendrían el control de los fondos iraníes una vez descongelados, y ese dinero debía gastarse en maíz, soja y trigo estadounidenses. En la misma línea, el martes, Trump aseguró que el Departamento del Tesoro liberaría los activos iraníes “en custodia, bajo el control de Estados Unidos, y se utilizarán para la compra de alimentos y suministros médicos, exclusivamente de EEUU, incluyendo maíz, trigo y soja” de los “grandes agricultores estadounidenses”.

El vicepresidente de EE.UU., JD Vance, el domingo durante las conversaciones entre Estados Unidos e Irán.
Pero los iraníes, que han presionado para que se desbloqueen miles de millones de dólares, han negado categóricamente que esto forme parte del acuerdo y defienden que solo ellos pueden decidir que hacer con ellos. El portavoz del Ministerio de Exteriores, Esmail Bagaei, afirmó que cualquier compra agrícola se basaría en “precios y calidad”, no en condiciones impuestas por Washington. “EEUU afirma falsamente que nuestros activos descongelados comprarán sus productos agrícolas. Interesante”, ha escrito el principal negociador iraní, Mohammad Baqer Ghalibaf, en X. “La única cosecha que recogemos es la que ustedes sembraron: décadas de desconfianza. Es orgánica, abundante y de producción nacional. Pero, al parecer, Estados Unidos solo exporta soja transgénica, promesas incumplidas y discursos vacíos”. El gobernador del Banco Central de Irán, Abdolnaser Hemmati, también afirmó que no existe tal obligación en el acuerdo vigente, según informó la agencia de noticias iraní Tasnim.
En virtud de sanciones anteriores, EEUU ha exigido que el dinero que los países extranjeros gastan en importaciones procedentes de Irán —como las compras de petróleo por parte de Corea del Sur y las de electricidad iraní por parte de Irak— se deposite en cuentas de garantía bloqueadas y, por lo general, solo se libere si el Tesoro lo aprueba y si los fondos se destinan a artículos “no sujetos a sanciones”, como alimentos y medicamentos, recuerda la agencia Associated Press, que indica que no está claro cómo miles de millones de dólares en activos iraníes podrían llegar al corazón de Washington desde las cuentas de depósito donde han estado bloqueados durante años por las sanciones estadounidenses.
La tensión en Ormuz y Líbano
Como telón de fondo, una vez más, sigue estando Ormuz, un problema inexistente antes de la guerra. Aunque no se ha reabierto del todo, el acuerdo provisional ha permitido que el tráfico vuelva a fluir a través del estrecho, por donde normalmente transita una quinta parte del suministro energético mundial. Según Kpler, que sigue la actividad mediante datos de transpondedores y satélites, el tránsito experimentó un fuerte repunte el miércoles, con 70 cruces confirmados, más del doble del total del día anterior, aunque sigue siendo inferior a los niveles previos a los ataques de EEUU e Israel. El jueves, el tráfico se mantuvo estable, con 54 travesías verificadas. “La ruta de Omán representó la mayor parte de los pasos identificados. Sin embargo, la transparencia de las rutas sigue siendo incompleta, ya que se registraron varias travesías ‘oscuras’ o ‘desconocidas”, indica Kpler.
Pero la tensión no se ha disipado del todo y la situación sigue siendo frágil, como demuestran los últimos acontecimientos, que reavivan los temores de que el acuerdo colapse. Un buque de carga fue alcanzado por un proyectil este jueves cerca de Omán, lo que llevó al organismo marítimo de la ONU a paralizar temporalmente su recién lanzada operación de evacuación de barcos y marineros. “He decidido suspender temporalmente su aplicación con el fin de volver a confirmar que siguen existiendo las garantías de seguridad necesarias para los buques”, dijo el secretario general de la Organización Marítima Internacional (OMI), Arsenio Domínguez. La OMI ha indicado este viernes que al menos 2.500 marineros de 115 buques han abandonado el estrecho en los últimos tres días y medio bajo su plan, lanzado para que el proceso de evacuación se desarrolle de forma ordenada y segura a para evitar atascos, accidentes y colisiones, así como para evitar posibles peligros, como las minas y congestión.

Fotografía de archivo de un barco comercial navegando por el Estrecho de Ormuz.
Trump ha culpado a Irán del ataque contra el barco, calificándolo de “violación insensata” del acuerdo de alto el fuego. “La República Islámica de Irán disparó al menos cuatro drones de ataque unidireccional contra barcos que cruzaban el estrecho de Ormuz”, ha escrito en Truth Social. “Uno de los drones impactó de lleno en la cubierta superior de un gran y costoso buque de carga. Sufrió daños, pero el barco pudo continuar su viaje. Derribamos otros tres drones. Obviamente, esto es una violación imprudente de nuestro acuerdo de alto el fuego”.
La publicación de Trump llega después de que Irán lanzara este viernes su derecho a controlar el transporte marítimo en el estrecho. “No se puede garantizar el paso seguro por el estrecho de Ormuz con acuerdos ambiguos, rutas paralelas o decisiones que no tengan en cuenta el papel de Irán como Estado costero”, ha dicho Garibabadi. La reacción coincide con el final de la gira del secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, por el Golfo. En una declaración conjunta Rubio y el Consejo de Cooperación del Golfo –que agrupa a seis monarquías de la península arábiga– han pedido la “navegación libre, incondicional y sin restricciones” en el estrecho, sin peajes, ni tasas ni “intentos de imponer control”. El comunicado ha enfurecido a Teherán, que lo tacha de “intervencionista, irresponsable y provocador”.
EEUU está utilizando el plazo de 60 días para influir, a través de las relaciones de Irán con el Consejo de Cooperación del Golfo, en los asuntos que no pudo resolver en el memorándum. Está delegando la presión en los Estados del Golfo
Aquí reside otra de las principales fricciones: el memorándum estipula que se permitirá que el tráfico marítimo fluya libremente durante 60 días, aunque Teherán ha indicado que posteriormente podría imponer tasas, algo que Rubio ha rechazado explícitamente. “Ningún país tiene permitido cobrar peajes ni tasas en una vía fluvial internacional. Esa es la legislación internacional vigente. Así se aplica en las vías fluviales internacionales de todo el mundo, y así esperamos que sea también aquí”, dijo el jefe de la diplomacia de EEUU, quien, según los expertos, parece haber adoptado un tono más duro con Irán que Vance y Trump.
“EEUU está utilizando el plazo de 60 días para influir, a través de las relaciones de Irán con el Consejo de Cooperación del Golfo, en los asuntos que no pudo resolver en el memorándum. Está delegando la presión en los Estados del Golfo”, dice en X Hamidreza Azizi, experto en política exterior y de seguridad iraní y profesor visitante en el Instituto Alemán de Asuntos Internacionales.
“El dilema del estrecho se está convirtiendo en una prueba de si la lógica del memorando de entendimiento sobre las ganancias diferidas puede mantenerse vigente mientras se reduce el margen para obtenerlas, y el reciente ataque sugiere que Irán ha decidido que no permitirá que ese margen se cierre sin imponer un precio”, señala el experto, que cree que la lógica de Teherán es que permitir el libre tránsito por una ruta (la omaní) que Irán “no ha designado ni controla erosionaría su principal influencia en términos operativos, establecería que el estrecho puede transitarse sin el permiso de Teherán”.
Por último está Líbano, donde, pese al alto el fuego que Teherán ha puesto como condición, el Ejército israelí continúa perpetrando ataques casi a diario, con drones o disparos de sus tropas, y mantiene la ocupación militar en el sur. Muchos expertos ponen en tela de juicio el futuro del acuerdo por la ofensiva de Benjamin Netanyahu en el país árabe, que ha matado a más de 4.000 personas.
Este viernes, Israel y Líbano han firmado un acuerdo marco tras varios días de intensas negociaciones mediadas por Estados Unidos. Los detalles sobre el documento son escasos y está por ver cuáles son las implicaciones. Según Axios, está concebido para poner fin, a la larga, a la ocupación israelí del sur de Líbano y restablecer la integridad territorial del país árabe, pero eso parece estar aún muy lejos. De momento, Netanyahu ha insitido en que Israel seguirá manteniendo su presencia en Líbano.