La campaña electoral de Brasil atraviesa un momento de máxima tensión después de que el Supremo Tribunal Federal quedara en el centro de una profunda crisis institucional. A comienzos de septiembre, el exministro de tinte bolsonarista André Mendonça filtró conversaciones de mensajería que vinculaban a su compañero en la corte, Alexandre de Moraes, con el presidente del Banco Master, entidad implicada en una red de corrupción de gran magnitud. Esta filtración selectiva buscaba demostrar supuestos favores y contratos ventajosos para el bufete de la esposa de Moraes.
Un giro inesperado en la disputa judicial
El impacto inicial desconcertó a las filas oficialistas, dado que Alexandre de Moraes había liderado los procesos judiciales contra Jair Bolsonaro y la trama golpista. Sin embargo, la ofensiva contra el magistrado sirvió como un respiro político para Flávio Bolsonaro. Según datos de la consultora Datrix, las menciones en redes sociales del candidato ultra pasaron de un índice negativo de -34,1 a un saldo positivo de +25,2 tras desatarse el escándalo en el alto tribunal.
La situación escaló cuando Mendonça intentó destituir al director de la Policía Federal, Andrei Rodrigues, bajo el argumento de presunto espionaje. Dicha destitución fue catalogada como ilegal, ya que la potestad exclusiva sobre ese cargo recae en el jefe de Estado. Un día más tarde, el ministro Flávio Dino anuló la medida, restituyó a Rodrigues en sus funciones y sacó a la luz el desvío irregular de fondos públicos destinados a financiar la producción cinematográfica Dark Horse, un proyecto biográfico sobre la familia Bolsonaro.
El impacto en las encuestas y la reacción del oficialismo
Ante la escalada de enfrentamientos internos, el presidente del STF, Edson Fachin, intervino para frenar la guerra de medidas cautelares y ordenó levantar el secreto de sumario sobre el caso del Banco Master. Esta decisión permitió comprobar que el tribunal investigaba a Flávio Bolsonaro desde el mes de julio, un hecho que había permanecido oculto junto con la vinculación de otros ministros de perfil conservador en la corte.
Las consecuencias en la carrera presidencial no tardaron en reflejarse en los sondeos de opinión. Mientras que la encuestadora Atlas-Intel situó al candidato opositor ligeramente por delante de Luiz Inácio Lula da Silva en un eventual escenario de segunda vuelta con un 46,4% frente al 46,2%, otros estudios como DataFolha reflejaron un empate técnico. Por su parte, la firma Quaest advirtió de un incremento del rechazo hacia el poder judicial, situando la desconfianza ciudadana en el 56% y otorgando nuevamente ventaja al bloque conservador.
Frente a este escenario convulso, el Partido de los Trabajadores ha optado por desviar el foco mediático hacia los logros económicos de la gestión gubernamental, destacando la estabilidad inflacionaria, la creación de empleo y las exenciones fiscales para rentas bajas. Mientras las calles se reactivan con movilizaciones de bases y apoyo sindical, la campaña busca blindar la figura presidencial frente a un tribunal convertido en el principal foco de polarización del país.
