El auge sin precedentes de la formación de izquierdas
El escenario político sueco ha experimentado un punto de inflexión histórico tras los últimos comicios. La formación heredera del antiguo comunismo sueco, liderada por Nooshi Dadgostar, logró un respaldo del 8,3% de los votos y se alzó con 29 de los 349 escaños del Riksdag. Este avance representa un crecimiento de 1,5 puntos porcentuales y 5 escaños adicionales, consolidando al partido como la cuarta fuerza del Parlamento y situándolo en una posición clave para influir por primera vez en la gobernabilidad del país.
El fenómeno electoral no solo destaca por su dimensión nacional, sino por su profunda penetración en entornos urbanos desfavorecidos. En enclaves periféricos como Rinkeby, en Estocolmo, la formación logró duplicar sus marcas previas hasta alcanzar el 54% de los sufragios, mientras que en otros municipios como Jönköping y Malmö el apoyo popular llegó a multiplicarse por tres. Estos barrios, tradicionalmente considerados bastiones inexpugnables de la socialdemocracia, dieron la espalda a la moderación tradicional para volcarse con las propuestas más progresistas de la Cámara.
Claves estratégicas y el factor migratorio
Expertos en ciencia política apuntan a una estrategia de tierra bien pisada como el motor de este éxito electoral. Según la politóloga Jenny Madestam, de la Universidad de Södertörn, “El Partido de Izquierda se ha centrado claramente en atraer a los grupos de inmigrantes y a las personas que viven en zonas vulnerables, donde se ha asegurado ser una fuerza de contraste con la ultraderecha de Demócratas de Suecia”. En la misma línea, el investigador Anders Sannerstedt, de la Universidad de Lund, subraya que “Han tenido una presencia remarcable en los barrios vulnerables”.
Durante la contienda electoral, la formación articuló un discurso centrado en la defensa de los servicios públicos, la regulación de los alquileres, la situación del sistema sanitario y la política internacional, con especial atención al conflicto palestino. Este despliegue territorial contrastó fuertemente con la campaña de sus socios naturales, permitiendo capitalizar el descontento social acumulado tras décadas de privatizaciones.
Controversias y el desgaste socialdemócrata
A pesar del triunfo en las urnas, el partido de Dadgostar atravesó momentos de gran tensión pocas semanas antes de la cita electoral. La exclusión de al menos 24 candidatos de sus listas, tras salir a la luz acusaciones sobre la difusión de mensajes antisemitas y de apoyo a organizaciones consideradas terroristas, enturbió su recta final. No obstante, analistas como Madestam coinciden en que tales escándalos “en ningún caso… parecen haber tenido un efecto disuasorio sobre los votantes” de los sectores más deprimidos.
Por su parte, el Partido Socialdemócrata, encabezado por Magdalena Andersson, ratificó su condición de fuerza más votada a nivel nacional con un porcentaje cercano al 28%, pero firmó uno de sus peores registros históricos al retroceder en 279 de los 290 municipios del territorio sueco. Este retroceso se atribuye, en parte, al giro ideológico impulsado por la dirección socialdemócrata en materia de seguridad y restricciones migratorias, un movimiento táctico inspirado en el modelo danés que acabó por difuminar su identidad tradicional y descolocar a su electorado clásico.
Ante este complejo tablero parlamentario, las formaciones del bloque progresista, incluyendo a ecologistas y centristas, se enfrentan a un proceso de complejas negociaciones para articular una mayoría sólida que garantice la estabilidad del país nórdico durante los próximos cuatro años.
