El impacto geopolítico de la ofensiva yemení
La reciente ofensiva relámpago protagonizada por los rebeldes hutíes en el suroeste de Yemen ha puesto de manifiesto que, aunque las milicias aliadas de Irán no pueden vencer en un enfrentamiento militar directo a las potencias occidentales, sí poseen la capacidad de desbaratar las estrategias de Washington, Tel Aviv y las principales monarquías del Golfo.
Para lograrlo, a estos grupos les basta con resistir las embestidas y mantener el control sobre los puntos neurálgicos del comercio energético mundial. Mientras Teherán domina de forma parcial el estrecho de Ormuz, el movimiento Ansar Allah hace lo propio en el estratégico paso de Bab el-Mandeb, alterando el flujo habitual de petróleo y gas hacia los mercados internacionales.
La paralización de rutas marítimas y el encarecimiento energético
Como consecuencia de estas operaciones selectivas, el tráfico marítimo en la región se ha reducido drásticamente. Tan solo unos 19 buques logran atravesar estas aguas diariamente, una cifra muy alejada de los 120 barcos que circulaban antes de que se intensificaran las hostilidades a finales de febrero.
Esta situación ha generado un clima generalizado de inseguridad que disuade a las navieras y aseguradoras. Países como Bahrein, Irak, Catar y Kuwait se han visto obligados a declarar el estado de «fuerza mayor», suspendiendo entregas pendientes y provocando una escalada en los precios de los hidrocarburos a escala planetaria.
El avance territorial y el golpe a Arabia Saudí
En paralelo, las fuerzas lideradas por Abdelmalik al Houthi han demostrado una gran eficacia táctica al apoderarse rápidamente de la costa occidental yemení, incluyendo la ciudad de Mokha y la isla de Perim. Este despliegue anula la idea de que se trata de una milicia desorganizada y aprovecha la debilidad operativa de la coalición encabezada por Riad.
Invalidando la equivocada imagen de que se trata de una milicia desorganizada de desarrapados, las huestes de Abdelmalik al Houthi han sabido aprovechar la debilidad y escasa operatividad de la coalición militar liderada por Arabia Saudí para controlar un territorio desde el que pueden, como mínimo, trastornar drásticamente el tráfico marítimo en el mar Rojo.
Esta avanzada se completa con ataques al oleoducto Este-Oeste, interrumpiendo el suministro hacia el puerto de Yanbu. Como resultado, las exportaciones petroleras de Arabia Saudí han caído a su nivel más bajo en tres décadas, situándose en apenas 3,2 millones de barriles al día y poniendo en riesgo la ambiciosa estrategia económica del reino.
Un escenario complejo para las potencias regionales
La presión ejercida por Teherán y sus aliados deja a Arabia Saudí en una posición sumamente delicada tras años de intervención militar en el país vecino. Arabia Saudí queda retratada como un actor incapaz de estabilizar su frontera meridional, tras nueve años de apuesta militarista contra los hutíes. Por el camino pone en cuestión su ambiciosa “Visión 2030”, planeada por Mohamed bin Salman para encontrar una salida al momento en que los hidrocarburos dejen de tener la importancia actual.
Por su parte, la administración estadounidense y sus aliados lidian con un margen de maniobra estrecho, condicionados por la necesidad de frenar la inflación interna ante los próximos procesos electorales y por la falta de un consenso militar amplio que permita desactivar la amenaza de los hutíes en el corto plazo.
