La guerra civil del laborismo paraliza el Gobierno de Starmer

El ministro de Sanidad y el acalde de Manchester desafían al primer ministro de su partido y dan los primeros pasos para lanzar unas primarias y sustiituirlo en medio de la incertidumbre que anticipa un proceso de meses
Perfil – Quién es Wes Streeting, el ambicioso ministro centrista que ha tirado la primera piedra contra Starmer
Keir Starmer sigue siendo el primer ministro y líder de un partido que ocupa 403 de los 650 escaños de la Cámara de los Comunes. Quedan tres años para las elecciones generales en su país. Su principal escándalo es que el Partido Laborista se ha hundido en las elecciones locales. Está al borde del colapso.
La batalla interna bajo la luz de los focos se recrudeció de nuevo este jueves, con un partido dividido y a la espera de que alguien dé el paso formal que lance primarias para intentar sustituir a Starmer al frente del Gobierno laborista.
La suerte del actual Gobierno es incierta, apenas una semana después de que el Partido Laborista obtuviera los peores resultados en décadas en unas elecciones locales en Inglaterra y en los comicios para los parlamentos de Escocia y Gales. Según varias encuestas, más de la mitad de los ciudadanos quiere que Starmer dimita en medio de quejas por el declive económico, el precio de la luz, los baches, los extranjeros o las guerras. Starmer no ha cumplido dos años en el poder después de 14 años de gobiernos del Partido Conservador.
Después de días de tensión, su ministro de Sanidad, Wes Streeting, fue el primero en sacar el cuchillo. Este jueves, dimitió y amagó con lanzar el proceso para convocar la votación en el Parlamento que abre la carrera por el liderazgo del partido y del país. Uno de los principales argumentos de Streeting es que Reform, el partido de extrema derecha de Nigel Farage, supone un “riesgo existencial” para el país, y que está siendo el principal beneficiario del hundimiento del Partido Laborista y el Partido Conservador.
El alma del país
El actual primer ministro comparte la preocupación y dice que está ante una batalla por “el alma” del país, pero sigue defendiendo que las turbulencias sólo perjudicarán al Partido Laborista a ojos de la ya decepcionada ciudadanía. También duda de la capacidad de arrastre de sus rivales.
Los portavoces de Starmer sugerían en privado que Streeting iba de farol o no sabía “contar” porque creía tener los 81 diputados necesarios para lanzar el desafío formal contra Starmer y, en realidad, sólo tenía el apoyo de una cuarentena. Los de Streeting aseguraban que sí tenía los respaldos, pero quería más consenso y más candidatos para el proceso.
En público, Starmer contestó a la carta de dimisión de Streeting alabando su labor al frente del Ministerio de Sanidad y dijo sentir “pena” por la marcha del ministro que él elevó desde que llegó a líder del partido en 2020. También aseguró que espera que vuelvan a trabajar juntos en el futuro y se refirió de manera indirecta al desafío.
“Es responsabilidad de todos nosotros estar a la altura de lo que veo como una batalla por el alma de nuestra nación”, escribe Starmer. “Debemos cumplir con todas las promesas que le hicimos al país, incluida nuestra promesa de pasar página del caos que fue rechazado de forma contundente por el pueblo británico en las últimas elecciones generales”.
El Partido Conservador pasó por tres primeros ministros entre 2022 y 2024, cuando perdió las elecciones con el peor resultado de su historia.
“Lío total”
El intenso jueves había empezado al alba con el anuncio inesperado de Angela Rayner, la ex viceprimera ministra, de que Hacienda no la ha multado por los impuestos que debía sobre una casa en el caso que la obligó a dimitir en septiembre. Hacienda, según ella, confirmó que se trataba de un error en un caso complejo en que Rayner recibió asesoría fiscal equivocada.
En una entrevista con The Guardian, también dejó claro que estaría dispuesta a presentarse en unas primarias por el liderazgo del partido, pero que no sería ella la que abriría el proceso.
El retraso durante unas horas del esperado anuncio de Streeting alimentó la confusión durante toda la mañana. “Los diputados se están volviendo locos”, decía un alto cargo a la BBC. “Lío total” era su descripción de ese momento.
Los rumores de que Streeting se estaba echando atrás corrían mientras pasaban las horas y el ministro seguía en su puesto. Sobre la una de la tarde, publicó su carta de dimisión, pero no anunció un reto inmediato.
Su petición de que se trate de un “debate de ideas” donde participe “el mejor elenco de candidatos” parecía referirse a Andy Burnham, el alcalde de Manchester y quien no se puede presentar mientras no sea diputado.
Burnham hizo una visita misteriosa a Londres esta semana y después de días de silencio reapareció pasadas las cinco de la tarde con la noticia esperada por sus aliados. Un diputado de Manchester dimitirá para que se celebren unas elecciones para ese escaño –según el procedimiento habitual cuando hay una vacante en el Reino Unido– y él pueda presentarse. Pero, para hacerlo, necesita la autorización del comité ejecutivo del partido, que bloqueó su candidatura a otro escaño de Manchester que el Partido Laborista acabó perdiendo en febrero a favor del Partido Verde.
Respirar hondo
Starmer y sus aliados pasaron horas en el Parlamento movilizando a los diputados que todavía le apoyan, y más ministros salieron a defenderlo.
La ministra de Economía, Rachel Reeves, recordó que la inestabilidad es un riesgo para la ya frágil economía británica. Esta semana se ha disparado el coste de pedir prestado para el Estado británico hasta niveles que no se veían desde la crisis financiera de 2008.
“Paremos un momento, respiremos hondo como partido y pongamos punto final a esto”, pedía la ministra de Educación, Bridget Phillipson. “Esto nos hace quedar muy mal ante los ciudadanos”, se quejaba el ministro de Empresas, Steve Reed, otro fiel a Starmer. Se desconectan cuando nos centramos en nosotros mismos, como ha estado haciendo mi partido“.
Un portavoz de Starmer decía a última hora de la tarde que el primer ministro seguía centrado en “lo que importa” en tiempos de gran incertidumbre global, “seguir gobernando”.
La agonía puede durar meses. El próximo martes, el Partido Laborista tiene que decidir si autoriza a Burnham a presentarse al escaño de Manchester. Rayner y otros líderes del partido han pedido repetidamente que el partido no bloquee a Burnham, el más popular entre sus bases y el electorado general por ahora entre los rivales de Starmer. Fuentes laboristas dicen a Sky News que la decisión estará ajustada, pero otras aseguran a The Guardian que Starmer no hará nada por bloquear a Burnham.
El escaño más deseado
Las elecciones para el escaño más deseado a las afueras de Manchester, Makerfield, se celebrarán como pronto el 18 o el 25 de junio. Es una batalla dura para cualquier laborista vistos los resultados de las elecciones locales. El actual diputado, Josh Simon, ganó por 5.000 votos en 2024 en un distrito donde ya entonces Reform tenía más del 30% del apoyo del electorado.
“Estamos esperando con ganas la carrera y echaremos el resto”, dijo Farage en un comunicado este jueves por la tarde.
Burnham es el favorito de los aspirantes al liderazgo del Partido Laborista, con un 22% de apoyo entre el electorado general, según un sondeo recién publicado de la encuestadora More in Common, pero la mayoría no elige a ningún candidato porque dice que no le importa o que no habrá diferencia.
Una vez que se lanza un desafío al primer ministro, los aspirantes necesitan el apoyo del 20% del grupo parlamentario y el respaldo de sindicatos u otras organizaciones afiliadas. El primer ministro es candidato de manera automática a no ser que se retire.
La votación posterior entre los más de 300.000 militantes del Partido Laborista se repite hasta que un candidato alcance más del 50% de los votos. El proceso podría tardar meses y alargarse hasta septiembre, cuando se celebra el congreso del Partido Laborista.