Una prórroga judicial ante las denuncias de boicot
La tensión se apoderó de la jornada electoral en Brasil cuando el Tribunal Superior Electoral (TSE) y el Tribunal Supremo Federal (STF) decretaron la ampliación del horario de votación en todo el país hasta las 19:00 horas locales. La medida respondión a las múltiples denuncias presentadas por la campaña de Luiz Inácio Lula da Silva sobre una notable reducción en la circulación de autobuses urbanos.
Las restricciones en el servicio de transporte colectivo afectaron principalmente a zonas clave como São Paulo y Salvador de Bahía, consideradas bastiones tradicionales de la izquierda. Ante esta situación, el presidente y candidato del Partido de los Trabajadores (PT) calificó el déficit de unidades como un acto de sabotaje y suplicó a la ciudadanía que persistiera en su derecho al sufragio: “No desistan de votar. Esperen y voten, porque la democracia tiene que salir vencedora de este proceso electoral”.
Horas antes de la decisión judicial, las autoridades locales ordenaron la detención de Pablo Souza, secretario de Movilidad de Salvador de Bahía e integrante de la formación conservadora União Brasil, debido al incumplimiento de la normativa que exige gratuidad y operatividad en la flota durante los comicios. Paralelamente, el clima de crispación aumentó tras conocerse modificaciones de última hora en los locales de votación de 590.000 ciudadanos, una medida impulsada por el TSE que afectó desproporcionadamente a regiones del nordeste favorables al actual mandatario.
Clima de violencia y polarización extrema
El proceso electoral estuvo marcado por acusaciones cruzadas de agresiones físicas y coacciones. Lula da Silva denunció públicamente diversos ataques perpetrados por sectores radicales contra su militancia, poniendo como ejemplo el impacto recibido por la concejala Iara Pimentel. “De un lado están los que quieren democracia. La contrapartida es la violencia que el otro lado está imponiendo a la nación brasileña”, expresó el jefe de Estado tras depositar su voto.
Por otro lado, la contienda enfrenta a más de 158 millones de brasileños en un escenario de empate técnico frente a la candidatura de la familia Bolsonaro, representada por Flávio Bolsonaro. Mientras los sondeos de la víspera reflejaban una ligera ventaja porcentual para el bloque opositor, el equipo del PT confía en la movilización histórica de las bases y en la adhesión de los votantes indecisos para inclinar la balanza definitiva en los diferentes estados del país.
