Durante las últimas dos semanas, específicamente unos días antes y durante el inicio (11 de junio) del campeonato mundial de futbol, 2026 (de la FIFA), la Ciudad de México (CDMX) fue escenario de importantes movilizaciones sociales, principalmente protagonizadas por las y los docentes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que encabezan o representan a una parte significativa del sindicalismo magisterial independiente en México, y cuya demanda principal es la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, a efecto de cambiar el régimen de pensiones, entre otras demandas laborales y de políticas educativas.
Al respecto, en una conversación que tuve con Julio Hernández “Astillero”, a través de redes sociales digitales, en mayo pasado, señalé que esta movilización magisterial ha significado, desde el 2025, que el gobierno federal encabezado por la doctora Sheinbaum, “ha sido rebasado, por la izquierda social, es decir, por la CNTE”, porque la izquierda social (que no es la “extrema izquierda”) ha puesto en entredicho o en cuestionamiento permanente a la izquierda partidista, oficial, institucionalizada, que ha arribado al poder político desde el 2018 en nuestro país.
A los hechos registrados de movilizaciones magisteriales recientes, hay que agregar dos datos: uno, que la presidenta Sheinbaum prometió en campaña, en 2024, que enviaría una iniciativa para abrogar la referida ley del ISSSTE; y, dos, la lucha de las bases sociales (docentes frente a grupo) de la CNTE es una lucha, en los hechos, que representa a las y los trabajadores del conjunto de las instituciones del Estado mexicano.
Da la impresión que las y los maestros de la CNTE le han dado unas clases de democracia social a la élite morenista en el poder político.
También, se registró en las calles, y en protesta pública, abierta, la presencia de las y los representantes de las familias buscadoras; específicamente, de las madres que buscan a sus seres queridos, quienes han sido lamentablemente desaparecidos y donde el Estado mexicano no ha actuado de manera expedita, oportuna, ni ha mostrado acciones contundentes para hacer justicia.
Asimismo, las familias de los estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal de Ayotzinapa (Guerrero) se manifestaron en las calles de la capital del país para exigir, una vez más, esclarecimiento de los hechos, deslinde de responsabilidades y justicia; del mismo modo, algunos contingentes de estudiantes del Instituto Politécnico Nacional hicieron actos de presencia y protesta en el espacio público para reiterar sus demandas hacia las autoridades educativas federales por corrupción, opacidad y nepotismo.
Por otra parte, no se puede dejar de mencionar que, en esta coyuntura, hay una narrativa sesgada de los hechos de protesta y sobre las movilizaciones sociales, con el escenario mundialista como escaparate, telón de fondo y altavoz social, por parte de la mayoría de los medios de comunicación tradicionales (en México casi todos son de tendencia conservadora), lo mismo que en redes sociales que, con diferentes tonos y con distintas cargas ideológicas, también han participado en la conversación pública para descalificar a los movimientos sociales. En esta descripción interesada de los hechos, de junio de 2026, no faltan los actores sociales oportunistas (sobre todo, voceros de los partidos políticos de oposición), que han saltado a la cancha para acusar al gobierno de autoritario.
La respuesta gubernamental, a partir de la racionalidad del poder político y de las posiciones “a la defensiva” de la coalición dirigente en turno, (y de uno que otro y otra intelectual orgánico del régimen político “de la transformación”), ha consistido en señalar o se ha limitado a decir “los extremos se juntan” (lo que se quiere decir es que las acciones violentas de la extrema derecha se parecen a las que lleva a cabo la extrema izquierda).
Cuando la mandataria de la nación se expresó con esa frase en una “conferencia del pueblo” (mejor conocida como conferencia mañanera desde Palacio Nacional), no hizo una caracterización política muy exacta que digamos, toda vez que la disidencia magisterial ha sostenido una lucha durante décadas con demandas centrales como la democracia sindical y el aumento salarial como condiciones básicas para la dignificación del trabajo docente de la escuela pública. Por lo tanto, la CNTE no es una organización sindical de la extrema izquierda ni mucho menos. De hecho, sus demandas son en cierto modo reformistas, al exigir la abrogación de una ley, para dar lugar, en todo caso, a una modificación legal. Ese tipo de banderas de lucha no corresponden con el referido “extremo” de la geometría política nacional.
El de la CNTE es un movimiento social que permanentemente se ha reivindicado como “no partidista”, porque no se ha propuesto encabezar una lucha por el poder dentro del sistema de partidos políticos. Pero eso no lo coloca de ninguna manera en la llamada “extrema izquierda”.
Lo mismo se podría decir de los demás movimientos sociales (madres de desaparecidos, familias de estudiantes igualmente desaparecidos, estudiantes que señalan corrupción y nepotismo en sus escuelas, etc.), cuya perspectiva u horizontes de movilización y visibilidad social no consisten en luchar por el poder político per se, sino en exigir el cumplimiento de la justicia y el respeto a los derechos humanos en beneficio de sus seres queridos y familiares, así como en el cumplimiento de sus demandas puntuales, como reivindicaciones socialmente válidas, porque han sido víctimas de la violencia y el olvido.
El problema es que otros movimientos sociales que vienen desde abajo también han quedado en el olvido y los han tratado de revictimizar desde las diferentes instancias del Estado mexicano. Junto con ese escenario adverso, hay que agregar que existe baja empatía de los gobiernos de la “cuarta transformación”, desde el 2018, con las madres buscadoras, con las familias de los estudiantes de Ayotzinapa y con otros movimientos de trabajadores del campo y de las zonas industriales del país.
Para finalizar, dejo por aquí dos preguntas para la reflexión, mismas que abordaré en futuras colaboraciones:
¿Se encuentra en fase de agotamiento la retórica oficial en la que se reivindica la idea de ser un “gobierno del pueblo y para el pueblo”?
¿Por qué un gobierno que se dice de izquierda y democrático, como el que encabeza la doctora Sheinbaum y el aparato partidista (Morena y su coalición política), no cumple con lo prometido y no lanza una iniciativa de derogación de la ley referida con la finalidad de beneficiar a las y los trabajadores, y no así al gran capital nativo?
@jcma23