Un estudio cualitativo del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) reveló que niñas, niños y adolescentes migrantes que viajan solos son víctimas constantes de abuso, violencia y vulneraciones a sus derechos a lo largo de su trayecto migratorio. La investigación documenta un “continuum de violencia” que inicia en sus países de origen y se extiende durante su paso por México, e incluso hasta su destino en Estados Unidos.
De acuerdo con el estudio, este fenómeno no se limita a episodios aislados, sino que forma parte de una cadena sistemática de agresiones que incluye violencia física, psicológica y sexual, así como extorsiones, explotación laboral y abandono institucional. Los menores no acompañados enfrentan estos riesgos sin redes de apoyo, lo que incrementa significativamente su exposición a daños graves.
El INSP advierte que muchos de estos niños huyen de contextos de violencia estructural en sus países de origen, particularmente en regiones de Centroamérica, donde factores como la pobreza, la inseguridad y la presencia del crimen organizado los obligan a migrar. Sin embargo, lejos de encontrar protección, durante el trayecto enfrentan nuevos peligros que agravan su situación.
El estudio señala que, en su tránsito por México, los menores son especialmente vulnerables a ser víctimas de grupos criminales, quienes los utilizan para actividades ilícitas o los someten a condiciones de explotación. Asimismo, documenta que algunos menores sufren abusos por parte de autoridades o enfrentan detenciones en condiciones inadecuadas, lo que representa una revictimización.
Otro hallazgo relevante es el impacto emocional y psicológico que deja esta experiencia. El INSP identifica altos niveles de estrés, ansiedad, depresión y trauma en los menores, quienes muchas veces no reciben atención adecuada en salud mental. Esta situación puede tener consecuencias a largo plazo en su desarrollo y bienestar.
Además, el estudio resalta la falta de mecanismos efectivos de protección para la niñez migrante no acompañada. A pesar de que existen marcos legales y protocolos, en la práctica persisten deficiencias en su implementación, lo que deja a estos menores en una situación de desamparo.
En términos de contexto, organismos como UNICEF han advertido que la migración infantil no acompañada ha aumentado en los últimos años, convirtiéndose en un fenómeno regional. Tan solo en la frontera entre México y Estados Unidos, miles de menores son detenidos cada año tras intentar cruzar sin la compañía de un adulto.
Por su parte, la Organización Internacional para las Migraciones ha señalado que estos menores representan uno de los grupos más vulnerables dentro de los flujos migratorios, debido a su edad, falta de recursos y desconocimiento de sus derechos. La combinación de estos factores los coloca en una situación de alto riesgo durante todo el proceso migratorio.
El estudio del INSP también subraya que muchos niños migrantes ven la migración como su única opción para sobrevivir o mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, el trayecto se convierte en una experiencia marcada por la incertidumbre y la violencia, donde la protección institucional resulta insuficiente.
Especialistas coinciden en que es urgente fortalecer las políticas públicas enfocadas en la protección integral de la niñez migrante, así como garantizar el acceso a servicios de salud, educación y acompañamiento psicológico. También enfatizan la necesidad de atender las causas estructurales que originan la migración forzada.
En este sentido, el informe concluye que la violencia que enfrentan los menores migrantes no acompañados no es circunstancial, sino sistemática, y requiere una respuesta coordinada entre gobiernos, organismos internacionales y sociedad civil para garantizar su seguridad y dignidad.
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