Trump utiliza el guion venezolano en su estrategia para tomar Cuba

Endurecimiento del bloqueo y las sanciones hasta límites insoportables, unido al uso instrumental de la justicia para operar militarmente fuera del territorio y contra el derecho internacional: después de tomar el control de Venezuela, Trump quiere hacerse también con Cuba
Donald Trump habla a menudo de Venezuela. Presume de ese ataque de 48 minutos sobre Caracas en el que el Ejército de EEUU mató a un centenar de personas –entre ellos, una treintena de soldados cubanos– y secuestró a Nicolás Maduro para llevarlo esposado a una cárcel en Nueva York.
A partir de ese día, el 3 de enero, EEUU tiene un valioso rehén en su poder y un Gobierno tutelado en Caracas con Delcy Rodríguez al frente, sin la líder opositora María Corina Machado, quien ha regalado la medalla del Nobel a Trump y reclama un papel en la transición. Pero también tiene y unas enormes reservas de petróleo a su disposición en un momento en el que el 20% del comercio de crudo ya no pasa por el estrecho de Ormuz y los precios de la energía se han disparado en todo el mundo, incluido EEUU, donde la gasolina cuesta ahora de media un 50% más que hace un año.
Ese guion, que pasa por ejecutar militarmente una acusación oficial, de forma extraterritorial y saltándose el derecho internacional para dar un golpe de fuerza y tumbar a un Gobierno extranjero es lo que Trump está intentando en Cuba, mientras no le termina de salir en Irán.
Cada país tiene sus singularidades, y las plantillas no siempre son traspasables. En todo caso, Trump ya ha desplegado en el Caribe un portaaviones, el Nimitz, como hizo en su día frente a las costas de Venezuela, donde llegó a acumular 15.000 soldados.
El presidente de EEUU, en todo caso, evitaba este jueves dar detalles sobre sus siguientes pasos, pero sí dejaba claro cuál es su objetivo: acabar con el Gobierno cubano emanado de la Revolución de 1959.
“No tienen electricidad. No tienen dinero. No tienen comida. Y nosotros vamos a ayudarlos a salir adelante. Tenemos a la población cubanoamericana, gran parte de la cual vive en Miami, y es un grupo de personas magnífico. Ellos han querido que esto suceda. Quieren regresar a su país. Otros presidentes han estado analizando esto durante 50 o 60 años, buscando hacer algo al respecto”, decía el presidente de EEUU, sin asumir el impacto del bloqueo estadounidense en la situación que vive la población civil de la isla.
Y sentenciaba: “Parece que seré yo quien lo haga. Así que lo haré con gusto. Queremos abrir las puertas a los cubanoamericanos para que puedan regresar y ayudar”.
Y en ese “parece que seré yo quien lo haga” se encuadra, dentro del manual venezolano, la acusación oficial lanzada este miércoles contra el expresidente cubano Raúl Castro, hermano de Fidel y referente de la Revolución cubana; un movimiento que evoca a la ejecutada en 2020 contra Nicolás Maduro y que sirvió de coartada para el ataque del 3 de enero de 2026.
En el mismo día, el Ejército de EEUU amenaza a embarcaciones que se dirigen a Cuba con ayuda humanitaria sin pasar por aguas territoriales estadounidenses.
Ante esta situación, crecen las especulaciones sobre si Trump hará con Castro lo que hizo con Maduro, y mandará sus tropas a secuestrar al expresidente cubano como hizo con el venezolano, y así tener una poderosa baza para imponer en Cuba los cambios políticos y económicos que no termina de lograr con la asfixia energética a la que está sometiendo a la isla, permitiendo tan solo que un petrolero ruso descargue en lo que va de año.
En este contexto de crecientes tensiones con Cuba, el comandante del Mando Central del Sur, el general Francis Donovan, se ha reunido este jueves en el Pentágono con el secretario de Guerra, Pete Hegseth, según informa MSNOW News, medio que afirma que la reunión, solicitada por Hegseth, se ha producido mientras el portaaviones USS Nimitz llegaba al Caribe.
Mientras tanto, no ha llegado a la isla en casi seis meses ni una gota de petróleo de sus principales proveedores en las últimas décadas, Venezuela y México, por decisión de la Casa Blanca. Esto está abocando a la isla a apagones de más de 20 horas en algunos días y a una crisis humana sin precedentes.
A todos estos elementos se suma un fallo del Tribunal Supremo de EEUU, este jueves, en el que autoriza demandas por activos estadounidenses incautados por Cuba en 1960. Las demandas, de la Havana Docks Corporation, permitirían a la entidad de propiedad estadounidense obtener una compensación por los bienes confiscados por el Gobierno cubano.
La Administración Trump ha respaldado a la Havana Docks Corporation en sus demandas contra compañías de cruceros que habían estado utilizando los muelles confiscados. La Administración argumentó ante los magistrados del Supremo que las demandas judiciales destinadas a obtener tales compensaciones —autorizadas inicialmente por el Congreso a raíz de la ley Helms Burton de 1996— constituían una herramienta de política exterior fundamental para desalentar la inversión en Cuba.
En un momento en el que suenan cada vez más fuertes los tambores de guerra en relación con Cuba, una encuesta reciente realizada por YouGov revela que el 64% de los estadounidenses se opone a que su país entre en guerra contra Cuba, mientras que el 15% la apoya y el 21% no está seguro.
“Esto debería hacer que el presidente Trump se lo piense dos veces antes de emprender otra guerra no provocada”, afirma Mark Weisbrot, economista sénior y codirector del Centro de Investigación Económica y Política (CEPR, por sus siglas en inglés), think tank que ha encargado el estudio: “Casi todos los expertos en Cuba se reirían ante la idea de que Cuba represente una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos. Y la guerra contra Irán ya le ha costado a Trump y a su partido un apoyo significativo”.
Trump ha amenazado reiteradamente con ir a la guerra con Cuba. El 16 de marzo declaró que tendría “el honor de tomar Cuba”. Y añadió: “Puedo hacer lo que quiera con Cuba”.
Menos de dos semanas después, insistió: “He construido este gran ejército. Dije: ‘Nunca habrá que usarlo’. Pero a veces hay que usarlo. Y Cuba es la siguiente, por cierto”. Trump insistió el 1 de mayo, afirmando que Estados Unidos “tomaría el control” de Cuba “casi de inmediato”. Y ese mismo día, emitió una orden ejecutiva ampliando las sanciones contra Cuba.
Las sanciones actuales contra Cuba se han ampliado enormemente desde 2017, culminando en un bloqueo devastador que ha incluido el corte del suministro de petróleo. La ampliación de las sanciones ha provocado que la mortalidad infantil aumente un 148% en los últimos ocho años. La tasa de mortalidad infantil de Cuba era una de las más bajas del hemisferio —inferior incluso a la de Estados Unidos— antes del endurecimiento de las sanciones.
“Está claro que el aumento de las sanciones es responsable de este enorme incremento en las muertes infantiles”, afirmó Alex Main, director de Política Internacional del CEPR: “El bloqueo petrolero ha sido especialmente inhumano, al interrumpir el funcionamiento de respiradores, inhaladores y otros equipos médicos cruciales, y al paralizar el transporte de emergencia. Más del 80% de la electricidad de Cuba se genera a partir de petróleo y productos derivados”.