La oposición, desde que la izquierda tomó el poder, la señala de populista. Han tratado, por distintos medios y estrategias, de calificar los programas sociales como un esquema clientelar. Lo más importante de todo esto, que ha salido a la luz pública, son los propios testimonios de la gente que dice estar satisfecha y agradecida con las políticas de asistencia que sigue reproduciendo el proyecto de transformación. De hecho, esa labor no solo se ha sostenido con eficiencia, sino que se ha ido multiplicando para que la ciudadanía tenga acceso a más oportunidades. Justo por eso, queda claro, la oposición se irrita al saber que Morena les está ganando la partida no como un andamiaje de prebendas, sino con una visión estrictamente social, humana y empática. Hay, en efecto, certeza de que estos instrumentos se propaguen ahora que la constitución ha tenido cambios para bien.
Lo favorable de todo ello es que, por lo que vemos, el proyecto de la Cuarta Transformación perdurará por décadas. Eso, por un lado, nos da como resultado el cómo están mal organizados en la oposición. De hecho, se están acostumbrando a apostarle a la guerra sucia que, desde luego, no les ha funcionado, especialmente cuando son maquinaciones que hablan de la descomposición y los sobresaltos que padece una derecha que ha llegado al límite de la infamia para tratar de penetrar en el ánimo social.
Ponemos el claro ejemplo del PRI, que ha escalado la guerra frontal en contra del gobierno. El problema de ello es que lo hacen burdamente. Han llegado a decir, por ejemplo, que la elección de Coahuila es el parteaguas de lo que se avecina. Por supuesto que en una competencia todo puede pasar; sin embargo, entre el PRI y la ciudadanía, no hay una conexión ni mucho menos una empatía. Nueve de cada diez mexicanos repudian al Revolucionario Institucional y su pasado corrupto.
Sabemos que el PRI quiso maximizar la nota de lo que pasó en Coahuila. Lo que no mencionó, lógicamente porque no le conviene, fue que ese ejercicio estuvo plagado de irregularidades que mancharon el proceso. No hay, por lo tanto, como ese mérito para decir que el PRI se levantó y está en pleno despegue. Eso es una mentira: el Revolucionario Institucional, a estas alturas, sigue sumergido en un profundo agujero. Ellos, lejos de hacer una introspección y una reestructuración de fondo, han caído en lo más bajo ahora que la estructura es de un solo personaje como Alito Moreno. A falta de apoyo de la ciudadanía, notamos síntomas de una descomposición acelerada; es decir, el inicio del fin.
Al ser Claudia una mujer muy cercana a la población, la ciudadanía se siente bien representada con ese modelo humanista que, de norte a sur, ha detonado desarrollo. A Morena, o mejor dicho, al proyecto de transformación, debemos reconocerle sus acciones concretas para que la gente tenga acceso al mundo de las oportunidades.
Los programas sociales, a la par del esquema de asistencia que se ve reflejado en becas y apoyos, son solo la punta del iceberg. De hecho, la percepción social, que se mide con mecanismos de evaluación, es la que ha constatado que la administración continúa sirviendo en las demandas que más aquejan.
Tales situaciones, por su relevancia, han sido la certeza que ahora tiene la clase trabajadora para tener acceso a una vivienda. Las casas y los espacios que ha construido la 4T para el seno familiar son de mucha más calidad. Los mismos datos y estadísticas nos muestran, ahora que se hacen públicos, una lectura muy clara de que los sectores sociales, mayormente los de mayor vulnerabilidad, son candidatos para obtener un crédito accesible y perfectamente pagable.
Con esa flexibilidad de pagos y con los ajustes que ponen fin a los accesos de porcentaje de intereses, se abre una nueva era para la vivienda de los trabajadores a través de un esquema de bienestar.
Puebla, con el esfuerzo de su gobierno estatal y con los canales que abrió a nivel nacional, será pionera de este esquema de apoyo. Se entregarán, ni más ni menos, que 75 mil viviendas, lo que constituye uno de los proyectos más ambiciosos de unidades habitacionales.
Para quienes perciban uno o dos salarios mínimos, pueden ser merecedores de este bosquejo que, de verdad, me dio mucho gusto escuchar cuando hicieron gala del evento para decirle a la opinión pública que las administraciones estatales de la Cuarta Transformación tienen muy en claro cuál es la consigna con la que deben trabajar para que hombres y mujeres, al lado de su entorno familiar, vivan con mucha dignidad y con un espacio de material de mucha calidad, eso sí, totalmente pagable.
A partir de este momento histórico, sobra decir, estamos en una nueva fase en la que la ciudadanía hace valer sus derechos universales. Uno de ellos, evidentemente, es tener una vivienda digna.